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¿Son los penaltis una lotería?

El Villarreal se proclamó campeón de la Europa League en los penaltis y volvió a surgir la eterna cuestión.

¿Son los penaltis una lotería? Generalmente, depende del lado en el que caiga la moneda. Si cae cara es por la preparación previa, calidad y sangre fría de los jugadores… pero si cae cruz es por la maldita mala suerte y la flor del equipo contrario. De todas las frases hechas que nos ha regalado el fútbol, la de que los penaltis son una lotería es una de las más escuchadas en las ruedas de prensa. ¿Y qué hay de cierto en todo esto? Cada vez son más las voces autorizadas que tienden al discurso que todos los aficionados adoptamos cuando nuestro equipo sale vivo de una tanda de penaltis… cuando tiramos una moneda al aire y cae cara.

No, los penaltis no son una lotería. La lotería se juega en las administraciones y no desde los once metros. De ahí que los entrenadores de porteros tengan un papel fundamental en los clubes de fútbol de la actualidad. Antes de las finales, futbolistas y guardametas entrenan los lanzamientos de penaltis y estudian a sus oponentes. A la hora de la verdad, lo más habitual es que un jugador dispare a su lado natural. O, lo que es lo mismo, un diestro acostumbrará a chutar al palo derecho y un zurdo al izquierdo. Claro que, si todos los jugadores disparasen a su palo natural, los penaltis dejarían de celebrarse como el anticipo de un gol. Desgraciadamente para los porteros, a veces no basta con conocer el pie bueno del lanzador que tienen en frente. De hecho, cada vez son más los futbolistas que acuden estudiados a su cita con los once metros.

No hay azar en las tandas de penaltis, aunque a veces se olvide intencionadamente para aliviar la frustración de haber muerto ahogado a escasos metros de la orilla. En la final de Champions de Milán, Jan Oblak apenas se movió del centro de la portería pese a que todos los disparos que recibió fueron por el lado izquierdo. No es que ese palo le produjera alergia, sino que tenía una orden de su cuerpo técnico y se limitó a cumplirla. Los jugadores del Real Madrid también seguían una orden. La correcta, concretamente. Demasiada casualidad hubiera sido sino que Lucas, Marcelo, Ramos, Bale y Cristiano tuvieran las mismas preferencias de disparo…

A la selección de Inglaterra le perseguía una maldición desde los once metros. Los ingleses habían sido eliminados de tres Mundiales y tres Eurocopas en penaltis. Las cosas del fútbol, en una de esas Eurocopas, la de 1996, el jugador que falló el lanzamiento decisivo fue Gareth Southgate, el hoy seleccionador. Inglaterra y Alemania empataban a uno en las semifinales de un torneo que se celebraba por primera vez en suelo inglés. La tanda se había convertido en una muerte súbita y Southgate iba a ser quien la inaugurara. La presión de Wembley le superó. Lo último que se hubiera imaginado aquel día es que el destino de su país correría a cargo de sus botas. Aunque el problema no estaba ahí, sino en su cabeza. El entonces jugador del Aston Villa se encaminó hacia el punto fatídico como quien va a identificar un cadáver. No conocía las preferencias del guardameta alemán y, lo peor de todo, no conocía ni las suyas propias. Su lanzamiento fue centrado, un poco escorado a la derecha; en definitiva, un caramelo para el portero germano.

Aquella selección inglesa no practicó las tandas de penaltis y lo terminó pagando muy caro. Igual pensaron que era una lotería, que la suerte les sonreiría por jugar en casa o, peor todavía, que ni siquiera sería necesario porque todo el mundo sabe chutar desde los once metros. Southgate escarmentó de la forma más cruel posible. El fallo ante Alemania le persiguió durante toda su vida. El nuevo seleccionador de Inglaterra tenía claro que sus jugadores no pasarían por lo mismo que él pasó en 1996. Sometió a todos los internacionales ingleses a estudios psicométricos para conocer su grado de resistencia a la presión, además de entrenarles en tandas de penaltis con gritos de fondo y zarandeos del resto de la plantilla. Cuando Inglaterra y Colombia se discutieron el pase a los cuartos de final del Mundial de Rusia desde el punto fatídico, la selección cafetera se encontró con un rival que conocía a Ospina más que sus propios padres. Así fue como se rompió la maldición.

Una tanda de penaltis tiene más de datos que de supersticiones. Este hilo de Twitter de Hugo Sáez basado en algunos de los mejores estudios sobre el tema lo demuestra.

Un estudio de The Economist, basado en estadísticas de Opta, analizó todos los lanzamientos de penaltis en Eurocopas y Mundiales entre 1976 y 2016. En los últimos cuarenta años, la mayoría de las penas máximas detenidas por los porteros han ido a posiciones centradas. Por cierto, disparando alto tienes más opciones de anotar (79%) que sí lo haces bajo (72%).

El economista Natxo Palacios-Huerta estudió 1.417 penaltis entre 1995 y 2000. Su análisis concluyó en que, al chutar desde los once metros, tienes un 80% de posibilidades de terminar celebrando un gol. Además, en el 60% de las ocasiones, los jugadores disparan hacia su lado natural, el mismo al que se lanzan los porteros en un 59% de las veces. Este trabajo, publicado en 2003, venía a confirmar la teoría de cuerdas de John Nash, que dice que todo compromiso estratégico, por muy complejo que sea, tiene al menos un equilibrio.

En mayo de 2008, Palacios-Huerta le envió a Abraham Grant, entrenador del Chelsea, una lista con los puntos débiles de su rival en la final de la Champions League, el Manchester United. En el informe destacaban dos eslabones frágiles. El portero, Edwin Van Der Sar, tenía una tendencia casi ridícula a tirarse al lado natural del lanzador que tenía en frente. El otro era Cristiano Ronaldo. Si realizaba una parada antes de disparar, el chute del portugués iría a su lado natural. Fue exactamente lo que sucedió.

Para la final del Mundial de 2010, Palacios-Huerta proporcionó al staff de Holanda un informe con datos de todos los futbolistas de España por si el encuentro se decidía desde los once metros. Mientras tanto, como se ve en el Informe Robinson llamado “El penalti de Nash”, el cuerpo técnico español intentaba recordar qué jugadores habían lanzado penaltis en la última Eurocopa. “Sabía que si llegaban a penaltis, el aspecto critico iba a ser ese informe”, confesó Palacios-Huerta. Los futbolistas holandeses estaban deseando que llegase ese momento. Gracias a Iniesta nos libramos de saber si John Nash había vuelto a acertar.

La web FiveThirtyEight también realizó un estudio de esta clase, sólo que centrado en la historia de los Mundiales. En él, se reduce a un 71% el acierto de los lanzadores desde los once metros. Uno de los grandes debates a la hora de encarar una tanda de penaltis es si comenzar con el mejor jugador o bien reservarlo para el final. Según el análisis, es más recomendable lo primero. Si el equipo que abre la tanda comienza marcando, sus posibilidades de victoria aumentan a un 57%. Por el contrario, si falla, se reducen a un 30%.

Science Direct publicó un estudio basado en el trabajo de cinco psicólogos. Estos habían analizado 286 penaltis de algunas de las mejores competiciones del mundo con el objetivo de descubrir si los porteros estaban sesgados a la hora de tomar una decisión en el momento del lanzamiento. Los resultados revelan que casi un 40% de los penaltis se tiran a la derecha y un 32% a la izquierda, lo que viene a corroborar el análisis de Natxo Palacios-Huerta, que establece que en el 60% de las veces los jugadores (la mayoría son diestros) disparan a su lado natural. Uno de los datos más sorprendentes es que casi un 30% de los chutes van por el centro y sólo en un 6,3% de las ocasiones los porteros optan por guardar su posición, cuando es el tipo de penalti con más posibilidades de ser detenido. Y aquí, más que los metas, los que influyen son los aficionados. Desde la grada se ha asumido que los penaltis son una lotería y que el portero sólo ha de estirarse a derecha o izquierda y esperar a que le sonría la suerte. No moverse parece no estar permitido. Las estadísticas contradicen al hincha: a veces es más recomendable quedarse parado.

El análisis de datos ha llegado al fútbol para quedarse. Y para lotería, la que cantan los niños de San Ildefonso.

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