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Malos tiempos en la Redacción

Ahora ser especialista en futbol es saber cómo se llama el lateral izquierdo sub 17 de Antigua y Barbuda —sería estupendo que fuese Caspio Pantoja— aunque no aciertes ni un solo pronóstico.

El lenguaje periodístico empleado por los medios deportivos es un tema singular. En general, es terreno abonado para jugar con las palabras de manera ingeniosa. Siempre me han fascinado expresiones en el boxeo que parecen sacadas del Carnaval de Cádiz. «Le pegó como si le debiera dinero» o «le mandó a la habitación del sueño«. O el universo propio que creó el gran Andrés Montes, que te hacía pasar un rato estupendo aunque vieras un encuentro amistoso de curling noruego.

En el fútbol echo de menos ese valor añadido, salvo honrosas excepciones, y ese talento descriptivo. En literatura sí existen ejemplos brillantísimos de relatos, pero en el periodismo del día a día hay que escarbar más para huir de la mediocridad. Si han llegado es esta página saben de lo que hablo, porque habrán seguido la pista a algunas de las mejores plumas del gremio. Ya se empieza mal denominándolo «deporte rey», cuando lo es el atletismo. Pero hay muchos más tópicos absurdos implantados y palabros que se ponen de moda y que no nos chirrían como deberían.

En cualquier retransmisión radiofónica se pueden escuchar perlas de este porte:

Disparó con una pierna que no es la suya. Habrá sido Pistorius.

¡Vaya manopla sacó el portero! Con manoplas en vez de guantes no coge ni el autobús.

Se internó desde la zona ancha y disparó al palo corto. Suspenso de libro en física.

Cambia el juego… Eso es que el jugador se ha cansado del balón y ha sacado unos bolos.

Empate final, reparto de puntos. Ahora tocarían a 1,5 pero se sigue diciendo. 

Cuando se trata de entrevistas, la cosa empeora. Los reporteros cada vez están más limitados en los temas que pueden abordar por la creciente censura de los clubes y al final caen en la intrascendencia. Los futbolistas, a su vez, tiran de latiguillos y clichés y no les sacas del «bueno, la verdad es que sí» o «sabíamos que nos íbamos a encontrar a un equipo muy difícil, hay que seguir trabajando», o el infalible «nadie regala nada».

Yo me imagino a los cuestionados con un poco de chispa contestando sin filtros lo que realmente piensan de las preguntas:

—¿Contento con el gol en el último segundo que ha supuesto la victoria?

—No, estoy destrozado. Ahora me arrepiento, no sé en que estaba pensando al apuntar…

—Buen partido. 2-1. Os lleváis los tres puntos.

—Sí, sí, sí. ¿La pregunta?

Ahora sólo escuchas a un protagonista expresarse con sinceridad cuando dice: «No tengo palabras para explicarlo». Eso que ganamos.

Aunque también hay jugadores con la «cabeza bien amueblada«. El ejemplo paradigmático es Vinnie Jones, al que le partieron en la crisma un número significativo de mesas y sillas. Fue central del Wimbledon cuando en los partidos de fútbol había más lesionados que cámaras.

Los plumillas deportivos también han sido muy dados a ocurrencias delirantes para portadas y titulares. Han creado un estilo masacrando la fina línea entre el ingenio y el ridículo, y la mayoría se han hecho fuertes en lo segundo.

Quién no ha palidecido al encontrarse de buena mañana y sin todos los sentidos activados una primera plana del tipo: «Var bena», «Cholo ante el peligro», «CR eído», «Ney mar de dudas», «Jeque mate» o «Mou cho canguelo»…

Ridículos pero inofensivos, porque si nos remontamos en el tiempo era otra cosa. «Leña al moro» es una de las portadas más recordadas para animar a nuestros atletas ante los dominantes africanos del medio fondo. Lejos del arrepentimiento y tras los resultados, la huida hacia delante sumada a algún carajillo llevó a publicar el podio de esta manera: «Moro, plata y bronce«.

Era otra época y otra sociedad. En eso parece que hemos mejorado aunque yo creo que nos hemos pasado de frenada y ahora todo lo que se dice o se publica encuentra su ofendido. Con una diferencia. Ahora el agraviado tiene voz y se hace notar en redes sociales, y una consecuencia: las denuncias de ofensas razonadas se diluyen en el batiburrillo de memeces y desvaríos. Son estos últimos los que provocan pinchazos alimentando a los medios digitales de mierda que los viralizan de inmediato. Lo que sucedió después te sorprenderá…

Yo me apunto a la teoría de Los Deltonos: “Desconfío de las sorpresas, por lo que tienen de novedad…”.

Se han incorporado términos al lenguaje pelotero en los últimos años que me reafirman en mi odio al fútbol moderno. Cuando disfruto de algún episodio de Conexión Vintage, ese fantástico programa oasis que nos regala Paco Grande en Teledeporte, nunca escucho a los narradores hablar de jugadores que «percuten«, que «se aculan» y que hacen de «mediocentros o carrileros«.

Antes se chocaba, los equipos se encerraban y se jugaba (entero) en el medio o en la banda. Y con un líbero, como tiene que ser. Esa figura que ya duerme el sueño de los justos con la peseta y el Domund.

¿Y qué decir del trivote? ¿Ese salto sin red tras el pivote y el doble pivote, que obvia a la RAE pero no deja pasar ni un balón…?

Y por cierto, los porteros se sitúan “entre” los palos. Cuando están «bajo palos» es cuando acaba el partido y han fallado, que les caen por todas partes.

El otro día escuché atónito a un reportero dicharachero en el césped, lo que hoy sería «a pie de campo», diciendo que el árbitro había amonestado al entrenador porque estaba muy «espitoso«. Literalmente: “eufórico por el efecto de las drogas”. Opción A: maneja información privilegiada y no tiene miedo a las demandas. Opción B (y casi seguro la correcta): no sabe lo que está diciendo pero quiere dejar impronta de original.

Ahora ser especialista en fútbol es saber cómo se llama el lateral izquierdo sub 17 de Antigua y Barbuda —sería estupendo que fuese Caspio Pantoja— aunque no aciertes ni un solo pronóstico de partidos importantes. Recurres al libreto de frases comodín, las vas colocando aquí y allá y te pegas veinte años viviendo del cuento. Y si no te parece que estás bien pagado, en un sector tan afectado por las crisis, pues también acaparas la publicidad y anuncias casas de apuestas. La coletilla de “Juega con responsabilidad” ya te permite dormir tranquilo.

«Es un jugador muy físico«. Es preferible, sí, los ectoplasmas van fatal en las barreras. Se pasa el partido «box to box». «Es un futbolista de buen pie,» pero tienes que ver el otro… «La jugada ha sido fronteriza».

«Han empezado con un 4-3-2-1 que se convierte puntualmente en un 3-4-1-2″. Y cuando acaba el primer tiempo pasa a un 3-2-1-3-1 de jugadores en chándal calentando y operarios arreglando el césped.

«Tiene un gran disparo con ambas piernas«. Pero solo puede hacer uno por partido, porque se lesiona siempre del costalazo.

«Es un jugador comodín«. Se toca los mismísimos en cualquier posición.

Interrumpimos el artículo momentáneamente porque nos piden paso desde el Kentucky Friend Kitchen Arena. Adelante compañero:

—Sí, estamos con Jonathan Yuri de Jesús. Buenas tardes ¿qué sensaciones tienes tras la derrota?

—¿Cómo?

—¿Qué cómo estáis?

—Bueno la verdad es que estamos jodidos, no hemos salido concentrados y se nos ha ido los puntos por detalles.

—6-1, Jonathan…

—Es que han sido muchos detalles.

Pero no pasa nada, porque ahora van a seguir trabajando para dar su mejor versión en el próximo partido, se van a dejar todo en el campo por la afición para la que soñaban jugar desde pequeñitos.

Esta pérdida de calidad en el periodismo deportivo —en otros campos sucede igual— no es más que el reflejo de una sociedad cada vez peor formada. Es la consecuencia de poner los listones de la enseñanza en el subsuelo para igualar a los brillantes con los mediocres.

Además, algunas elecciones de exfutbolistas para comentar los partidos parecerían hechas por la competencia, si la hubiera. Se debe exigir un mínimo de capacidad de comunicación, de retórica y de vocabulario para ese puesto. Así evitas que se diga por ejemplo que el terreno de juego está pesado y la pelota no rueda «nítida» o que «hubieron» muchas ocasiones.

La mayoría de los periodistas radiofónicos o televisivos hablan, algunos llegan a comunicar, pero sólo unos pocos transmiten. Los últimos son los que crean estilo y destacan.

Una última reflexión capilar para terminar, en el tiempo añadido. (si fuera de «descuento» mi equipo habría tirado ya por lo menos una copa de esas con orejas al Manzanares, sino dos.)

¿Cómo se puede explicar que llamen «trencilla» a Mateu Lahoz?  Más quisiera…

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1 COMENTARIO

  1. Ah, el periodismo deportivo… creo que en ese apartado en particular se olvidan de que su misión es hacer las preguntas que los aficionados quieren. Las entrevistas con el partido recién acabado, en caliente y sin poder analizar lo sucedido son una pedida de tiempo.

    Estaría bien que el periodista no diese por buenas todas las respuestas y el diálogo fuese asi
    – Jugador: Al final, el VAR siempre nos perjudica
    – Periodista: Y la jugada del minuto 8?
    – Esa no sé, será para disimular
    – y la eliminatoria de Copa?
    – La excepción que confirma la regla
    – Y el día del Derby? Jugabais fuera y el VAR tardó 5 minutos en anularles un gol por fuera de juego por un flequillo
    – es que era fuera de juego
    – Claro. Y lo vuestro hoy era penalti.

    También estaría bien preguntar al entrenador. Cree que ha sido buena idea jugar con 4 centrales? Por qué no ha jugado Pipiolo? Es el mejor canterano del club en una década y Excrack ya no está para jugar. No hubiera sido mejor poner en el centro a Fantasioso en lugar de Destruttore para manejar el partido? Entonces el entrenador se puede explicar y los aficionados entender o no la idea del equipo. Pero es más fácil quedarse con “el VAR nos perjudica siempre”

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