Decía Antonio Banderas, una tarde en El Pimpi, entre toneles y mesas y copas de vino y más vino, que si el cine es luz, Málaga era entonces puro cine, porque así te sientes, como si andases por un decorado, como si fueses el protagonista de la película de tu vida. En la Plaza del Obispo, eres Harvey Keitel cuando lo llama el criado de Kathy Bates desde el balcón, en el puerto eres Mario Casas corriendo con un coche y en la Plaza de la Merced eres Antonio Banderas mirando las palomas que inventó Picasso, porque las palomas no eran así, y volaban de otra manera, hasta que Picasso les enseñó cómo hacerlo, desde la Calle Compañía hasta la Calle Larios, enfilando Puerta del Mar.

Málaga es una reina mora escondida en la torre albarrana de la Alcazaba sentada en el poyete de un balcón con celosía y mirando hacia la calle, siempre la calle, mientras la dueña la peina y le cuenta historias antiguas que se le van clavando en el alma, para que no se olviden, para que sepa quién es,  para que ella no pueda ser de otra manera, historias de bereberes y almorávides, de visigodos y godos, de íberos y romanos, de tartesios y fenicios que le han ido susurrando las piedras, porque cada piedra tiene una, y todas te las van susurrando cuando pasas a su lado, historias de que te quiero pero tú a mí no, para que veas que es la más bonita, historias de aquella gente que llegaba de muy lejos, que venía y se quedaba, cautivada por las historias de otras piedras.

Málaga es el Cautivo con su túnica blanca en la Trinidad, con las manos amarradas por delante, entre dos luces y faroles amarillos y una cola de gente y de silencio, y es la Calle San Agustín pegado a la pared y conteniendo el aire mientras pasan la Expiración o Lágrimas y Favores, con la luna sobre el campanario, Málaga son los Servitas en el Muro de San Julián y las campanas de la Catedral el domingo por la mañana y niños corriendo entre naranjos con sus risas trayendo el viento de levante.

Málaga es Casa Lola, La Campana, La Taberna del Guardia y Juan con las venas del cuello fuera cantándote una bulería en la Calle Strachan, pero también es Huelin, el Barrio de las Fatigas, y hombres mirando la mar con los ojos entrecerrados, es tu madre y la mía, llenas de pena que se quitan unas a otras, comiendo sardinas en la playa, con el sol ocultándose a sus espaldas, y mañana será otro día, ay, si todo fuera eso, chiquilla, y son las calas de El Palo y la gente en la puerta en una silla de enea y el olor de las brasas de los espetos y el invierno húmedo que te cala hasta los huesos, que se te mete dentro y que te llega hasta el alma, porque aquí no se vive a medias, porque aquí todo se exagera, las alegrías y las penas, y todo se comparte, por eso aquí nadie es de fuera, por eso el que llega se acopla, por eso esto que es nuestro es vuestro. 

Málaga palpita cuando te siente, y suspira cuando te vas, pero no te lo dice. Solo suspira y te mira y pestañea desde su torre, mientras su dueña la peina, para que lo sepas, para que no se te olvide, para que vuelvas, para que por muy lejos que te vayas siempre la lleves contigo y si mientras te alejas te vuelves y miras esas pestañas que aletean como alas de mariposa meciendo el viento de poniente, pon tus manos delante y júntalas, para que te las amarre, porque ya estás cautivo para siempre.

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