domingo, mayo 26, 2024
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Over the rainbow

Somewhere over the rainbow

Way up high,

There’s a land that I heard of

Once in a lullaby.

Somewhere over the rainbow

Skies are blue,

And the dreams that you dare to dream

Really do come true.

Over the Rainbow es una balada que forma parte de la banda sonora de la película El Mago de Oz, basada en el cuento tradicional The Wonderful Wizard of Oz del autor estadounidense L. Frank Baum, que fue galardonada con un premio Oscar a la mejor canción original, en 1939, y que también ha sido considerada como una de las mejores canciones, si no la mejor, de la historia del cine en el siglo XX. La protagonista del cuento, Dorothy, interpretada por Judy Garland, canta esta balada mientras se halla presa en el castillo de la bruja, en un momento de desazón, cuando cree imposible retornar a casa desde Oz, mundo fantástico a dónde fue arrastrada por un tornado. Sin duda, se trata de una bella canción que evoca como ninguna otra ese estado de ánimo taciturno, esa desesperación que se apodera de nosotros cuando sentimos anhelo por algo que nos resulta inalcanzable y solo realizable en nuestros sueños. Cuando se avecina borrasca y nubes oscuras surcan el horizonte, los cielos siempre serán de un azul intenso más allá del arcoíris y el césped siempre será más verde en el jardín de nuestro vecino, independientemente de que haga un día de sol radiante y nuestro vecino haya pavimentado su terreno.

Me he acordado de esta canción y este cuento al leer y escuchar sobre los últimos acontecimientos en Can Barça. He imaginado a no pocos seguidores culés desayunándose este mañana entonando esta bella balada, cual inocente Dorothy, mientras mojan sus penas, como madalenas, en el café matutino. Y es que la vorágine de acontecimientos de estas últimas semanas se ha precipitado sobre el mundo del barcelonismo como un tornado que ha ido creciendo, arremolinándose con cada nueva noticia, hasta que Abidal ha hecho saltar todo por los aires. Ahora se encuentran en un estado de shock, como perdidos en un mundo fantástico, preguntándose como poder regresar a la tierra; a poner los pies sobre la tierra, para ser más exactos. Si el aficionado culé, la víctima, se encarna perfectamente en Dorothy, los otros tres personajes principales del cuento: el hombre de paja, el león miedoso y el hombre de hojalata, también tienen sus alter egos en el entorno del club. Vayamos por partes.

Abidal, con sus declaraciones extemporáneas y sus eventuales apariciones, en París, Qatar o dónde fuera menester, lejos de actuar y pensar por sí mismo, como un director deportivo, ha sido siempre la cara amable que proyectaba al exterior lo que realmente pensaba y ejecutaba la junta del club. Un hombre de paja actuando al dictado de sus jefes, un parapeto tras el que esconderse, un portador de globos sondas con qué pulsar la opinión del soci.

Bartomeu, como presidente del club y cabeza visible de la junta directiva que lo gestiona, se está caracterizando por una política de escurrir el bulto cuanto menos sonrojante. Pretende resolver los problemas que acucian al club en el aspecto económico y deportivo con una patada a seguir, como si se tratara de un partido de rugby, postergándolos en lugar de afrontarlos, lo que en sí mismo constituye un signo de debilidad preocupante. Quién más valor y firmeza debería demostrar a la hora de tomar decisiones es quién más inocentemente está actuando. Dónde debiera haber un fiero león, solo se atisba un simple gatito, que diría Piolín; más si tenemos en cuenta que en el horizonte próximo se atisba un cambio generacional pos Messi que habrá que asumir, más pronto que tarde, al coste que sea. Pero para eso se necesita la valentía de ponerse uno mismo al servicio de club en lugar de poner el club al servicio de un mismo.

Por último, el más controvertido personaje, el hombre de hojalata. El hombre sin corazón, sin sentimientos, para mí (abro paraguas, por si acaso) lo encarna Leo Messi. Y no porque tratarse de Leo en particular, es por la esencia ególatra y egoísta que reviste a casi todo futbolista profesional. No pongo en duda los sentimientos de Messi hacia el Barcelona y su entorno, Dios me libre, lo que pongo en duda es si su barcelonismo está por encima de él mismo, no como persona, sino como futbolista. Stan Lee nos dijo en boca del moribundo tío de Peter Parker, Spiderman, que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y el aforismo cobra sentido cuando la mayoría de decisiones de club se toman en función de que sean del agrado o no de Leo.

La pregunta que me hago es si Messi está ejerciendo el poder que ostenta, por propios méritos, de una forma responsable o no; porque su sola presencia no solo condiciona la forma de jugar del equipo, también la confección de la plantilla. Nuestro compañero L.E. Lucas, un gran analista, ya nos puso en esa tesitura tiempo atrás poniendo sobre la mesa el debate acerca de si Messi sigue siendo un jugador diferencial. Y el debate hoy vuelve a cobrar sentido en virtud de que es el argentino, en su respuesta a Eric Abidal, el que encarna el frente opositor que representa a los jugadores ante las decisiones de la dirección del club.

En todo caso, como en el cuento, la respuesta a sus preguntas, el hallazgo del valor que cada uno de ellos creía perdido, solo la encontrarán recorriendo juntos el camino. Como Dorothy, el hombre de paja, el león miedoso y el hombre de hojalata, el entorno culé, Abidal, Bartomeu, su junta directiva y Messi, su líder, deben caminar juntos en busca de una solución al turbio ambiente que rodea al club. Con Messi en modo autista, los jugadores enfrentados a la directiva, la directiva desoyendo las demandas deportivas y el aficionado de uñas con unos y otros, al único sitio al que se puede llegar es a la autodestrucción.

Es preciso que entre todos encuentren una solución amable al problema o el camino de aquí a final de temporada puede resultar tortuoso. Lo único que debería perturbar al barcelonismo en este momento de zozobra es averiguar cómo llegar hasta el castillo, encontrar al Mago de Oz, y que les dé la respuesta con qué poder arribar a un final feliz. Aunque permítanme que dude. Me resulta difícil creer que Abidal pueda empezar a pensar por sí mismo y tomar decisiones estrictamente del área deportiva, Bartomeu asuma la toma de decisiones valientes y responsables en beneficio del club y Messi asuma que igual está llegando el día de dar un paso al costado, porque la juventud, a unos antes que a otros, al final se nos acaba a todos. Lo siento por Dorothy.

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