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Il Capitano en La Bombonera

Entre los muchos tatuajes que adornan su cuerpo no hay ningún gladiador. Quizá porque este romano y romanista, último capitán del equipo giallorossi, no necesita imprimir más tinta a un carácter luchador y generoso en el esfuerzo. Tampoco falto de talento, con el que ahora regará otro coliseo. Del Olímpico a La Bombonera para repetir un viaje vital iniciado antes por tantos y tantos compatriotas, sobre todo genoveses que se afincaron en el barrio de La Boca. Allí no llega un cualquiera, se trata de todo un campeón del mundo, ídolo desde ya de la afición xeneize y enamorado de esa casaca única que combina en armonía como ninguna otra el azul marino y el dorado. «Nunca es tarde para cumplir los sueños», grita ahora Daniele de Rossi con la misma vehemencia con la que celebraba los goles de su Roma.

Y es que el reloj jugaba en contra del mediocentro italiano, cuando el pasado mes de mayo, a sus 36 años anunciaba que dejaba la Roma. Su equipo, el equipo de su vida no le renovaba el contrato y él se marchaba sin el despecho propio de las rupturas, pero con el corazón supurando pasión: «Nadie os amará más que yo. Hasta luego». Así concluía la carta de despedida con la que De Rossi ponía fin a la relación, dejando a su vez la puerta abierta para un futuro regreso. Daniele se marchaba con la cabeza alta, orgulloso por todo lo recibido y vivido con el club del que siempre fue tifosi, la escuadra que le descubrió su tío Osvaldo y en la que nunca pudo triunfar su padre, Alberto, que llegó a jugar en las categorías inferiores. Fue Daniele el que cumplió el sueño de ambos ya fuera desde la Curva Sud o desparramando sangre, sudor y lágrimas en el césped del Olímpico: «No todos juegan 16 años al lado de su propio ídolo». Se refería a Francesco Totti junto al que creció para que el tiempo terminara dejando a Il futuro Capitano en Capitano a secas. Ahora el legado de ambos lo recogerá Florenzi, otro romano y romanista.


Buenos Aires, un sueño lejano


Así que tras 18 años y 616 partidos  defendiendo la camiseta giallorossi Daniele se va de casa. Se marcha lejos porque como dice Andrés Calamaro: Porque me fui puedo creer // si no me voy no sé volver // Y conocer el mundo me va a servir supongo // Para entender lo que es volver, lo que es vivir. El destino precisamente es el Buenos Aires natal del que fuera líder de Los Rodríguez, donde el mediocentro italiano ha desatado una auténtica locura desde que pisó el país argentino. No es nuevo su amor por esa tierra, ni tampoco por Boca Juniors.

Una pasión alimentada desde la lejanía por antiguos compañeros como Osvaldo, Leandro Paredes (quien llegó a regalarle una camiseta personalizada con su nombre y el 16) o Batistuta. Pero cuyo origen, como no podía ser de otra manera, remite al Diego: «Es algo que siempre quise. Me encantaría estar en un Boca-River en La Bombonera. Es algo que me falta en mi carrera, como a lo mejor también una final de Champions o un Madrid-Barcelona. Y estos dos, si hubiese tomado opciones diferentes, los hubiese jugado… pero Boca es otra cosa. El estadio es el más bonito del mundo. Me enamoré de la Bombonera de pequeño por las celebraciones de los goles. Y luego estaba Maradona…» decía en la Revista Undici en junio de 2017. El niño De Rossi vio los últimos retazos de El Pelusa en La Bombonera, antes de compartir anécdotas con Gabriel Batistuta o alucinar con los goles de Palermo y el estruendo que provoca La Mitad +1, como se conoce a la afición de Boca, para quedar prendado para siempre.

Antes de pisar si quiera el distrito de Barracas, en la capital bonaerense donde se mezclan las casas coloristas de Caminito con los acordes de los tangos de Gardel y Juan de Dios Filiberto,  con la Bombonera al fondo, De Rossi ha recibido la bendición de D10S: «Sabes que aquí puedes estar tranquilísimo. Nos vemos próximamente en Buenos Aires. Que te pongas la camiseta de Boca es como el San Gennaro que licúa la sangre», dijo Maradona en TyC Sports aludiendo además al santo napolitano, símbolo de la ciudad donde El Diego obró milagros. En este, en el de traer a De Rossi hasta el otro lado del Atlántico, ha resultado fundamental Nicolás Burdisso, actual director deportivo xeneize y compañero suyo en Roma: «De Rossi viene para jugar y para ganar cosas por Boca». Daniele no entiende de retiros dorados.

Su fútbol, igual de pasional pero menos físico que antaño, dotará de un plus al conjunto de Gustavo Alfaro. No le costará a Daniele hacerse un hueco en el disminuido centro del campo xeneize tras la marcha de algunas de las piezas más codiciadas como Wilmar Barrios (Zenit de San Petersburgo) o, si miramos más atrás, Rodrigo Betancur (Juventus). Mientras que su presencia y sobre todo su entrega será un máster para todos sus compañeros, en un fútbol más lento que el italiano pero que perfectamente podría rivalizar con el Calcio en intensidad y en dureza. Daniele se encontrará, por tanto, como en casa, mostrando todo su repertorio de tackles, una cualidad que ha ido perfeccionando con los años y de la que ha hecho bandera hasta el punto de tatuarse uno de ellos junto a una señal de peligro en su gemelo derecho: «Mi posición y mi función exigen el choque físico, el contacto constante. Si me califican de duro por eso, entonces están en lo cierto» decía hace unos años este admirador de Roy Keane, al que honra portando el 16 en su camiseta: «Para mí, es un auténtico mito. Es la única persona del mundo a la que le he pedido una foto».

Muchas serán las que le pidan a él a partir de ahora, en un futbol argentino revolucionado ante su presencia, carente de ídolos como el italiano, duodécimo europeo que vestirá la camiseta de Boca. Escasean las buenas noticias y los gladiadores en el otrora granero del mundo. De ahí la expectación y las expectativas.  Un romano arriba a la casa de Riquelme y Palermo, al hogar de Maradona, al área de Batistuta, a los dominios de los gemelos Barros Schelotto, al barrio donde creció Carlitos Tévez. Llega con el espíritu de esas bandas de rock que cruzan el charco para volver a empezar, para volver a sentirse jóvenes, animado por la grandeza de los futbolistas que vistieron un día esa camiseta, deseoso de reencontrarse con ese pasado glorioso que navega en un presente mediocre, entre tinieblas. Daniele espera comprobar de primera mano cómo late La Bombonera y cómo se estremece con cada acción suya. Aunque eso suponga negar la frase inscrita en su brazalete de capitán giallorossi: «Eres mi única esposa, eres mi único amor». No le culpen, De Rossi solo ha rehecho su vida.

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