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Coke: «La película de mi vida es Días de fútbol»

Coke Andújar (Leganés, 1987) ha jugado en grandes teatros y algunos, como el Sánchez Pizjuán, han sido su casa cinco años. Allí levantó tres Europa League. Sin embargo, y pese a que cada fin de semana se examina ante miles de personas, ahora en el Ciutat de Valencia, jamás ha interpretado un papel ante el público. Se le haría “muy difícil”. Eso dice quien ha producido una obra de teatro (La asamblea de mujeres) y estuvo yendo a clases de interpretación (o de “terapia”) dos años, cuando apenas jugaba en el Sevilla. Su género favorito es el musical. De hecho, el de Mecano fue a verlo diez veces. Eso sí, con Días de fútbol, su película preferida, ya ha perdido la cuenta.

—Una pregunta a traición. ¿Qué te gusta más: el fútbol o el teatro?
—Hombre, el fútbol. De eso no hay ninguna duda. El teatro, la música, el cine y demás me gustan mucho, pero no tienen nada que ver con el fútbol.

—¿Has actuado alguna vez?
—No, no, no. Delante de gente y remunerado, oficialmente, no. Y se me haría muy difícil.

—¿Te gustaría?
—Ni lo he pensado, la verdad. En Sevilla, estuve yendo a clases, pero me lo tomé como una terapia para alejarme del fútbol e investigar otros mundos. A veces se hablaba de hacer alguna cosilla, pero me da mucho vértigo. Hacerlo con seriedad se me hace complicado y es un salto bastante importante.

—¿Quizá una comedia musical? Te vi el otro día cantando en un karaoke.
—(Se ríe) Hay mucha diferencia. Estás en un sitio y cantas para pasártelo bien, pero representar una obra, con un fin y un argumento, creo que sería dar un pasito más. Incluso el artista o el actor más amateur tiene muchísimas más tablas que yo.

—Sería como jugar al fútbol delante de miles de personas, como haces cada fin de semana. Unos días en casa y otros de gira.
—Es algo que siempre hablo con amigos, actores y directores. Comunicar delante de público, ya sea con un guion de cine o en una obra de teatro, me parece mucho más difícil que jugar al fútbol. Eso es lo que se me hace muy cuesta arriba. Es verdad que juego delante de muchísimas personas, pero no deja de ser algo que llevo practicando desde niño.

—¿Qué otras analogías tienen una función de teatro y un partido de fútbol? El terreno de juego no deja de ser un escenario…
—Sí, hay muchas cosas que se parecen. Esteban Granero y Leiva decían en una entrevista que ambos tienen que viajar en sus trabajos. Uno de gira y otro con su equipo. La parte mala del fútbol es pues que a lo mejor no juegas. Solo hay once compañeros que juegan y puedes pasarte una temporada sin disfrutar verdaderamente de la puesta en escena. En esto sí se parece mucho: en encontrar lo que uno quiere delante del público.

—Tengo entendido que la improvisación es tu actividad favorita, por lo menos sobre las tablas. Sin embargo, el fútbol es un lugar cada vez más inhóspito para improvisar. Pesa más la pizarra, digamos.
—Sí, estoy de acuerdo. Todo se analiza al detalle, sabemos la forma de jugar de los rivales. La improvisación quizá se ve menos porque todo el mundo se tiene estudiado y tácticamente todos los equipos son mejores y se entrenan muchísimo más. La improvisación es lo más difícil de ver, pero, lógicamente, es lo que más se paga. Que alguien improvise y marque la diferencia al máximo nivel es lo que distingue a un genio. Sirve para ganar partidos y títulos. Cada vez se ve menos improvisación, pese a que quizá sea la parte más bonita del fútbol, también incluso para aquellos a los que no les gusta el fútbol. La improvisación también puede ser defensiva. En grupo o individualmente: un central que decide salir en vez de quedarse para tirar el fuera de juego. La improvisación se valora, sobre todo, en los momentos límite o en los momentos donde se determinan los partidos. Yo soy lateral y tengo la suerte de que ahora los laterales somos mucho más ofensivos que cuando empecé y he podido desarrollar buena parte de esa improvisación.

—¿Cómo improvisa un lateral como Coke?
—En mi caso, creo que siempre he sido un lateral tirando a ofensivo. Me gusta llegar al área, aparecer en situaciones por sorpresa. Hay que analizar al rival y saber cómo se mueve, pero a partir de ahí, muchas veces, hay que tirar de improvisación. Es ahí donde sacas ventaja a tu rival. La alternativa es lo que marca la diferencia.

—No nos desviemos. ¿Sigues yendo a clases de teatro?
—En Valencia, de momento, no. Siempre me había llamado la atención, pero además en Sevilla me coincidió en un momento en el que no estaba jugando mucho. Lo utilicé como una terapia para evadirme un poco y conocer otras cosas. Estuve dos años. Conocí a gente espectacular y ninguno sabía quién era yo, que en Sevilla tampoco te creas que es tan fácil. Las clases eran de agradecer, aprendía un montón y pude conocer la vida de otras personas que se dedicaban al mundo artístico, algo que a mí me atraía mucho. Era gente que pintaba, que cantaba, que hacía teatro… De hecho, sigo yendo a Sevilla y sigo quedando con ellos porque son mis amigos.

—Acabas de decirlo. Cuando te apuntaste al taller de iniciación teatral, en clase erais diez o doce y casi ningún compañero te conocía. ¿Cultura y deporte son incompatibles? ¿O forman parte de lo mismo?
—Por qué no. Por supuesto que el deporte, que es donde estoy metido más de lleno, puede ir de mano de la cultura. Muchas veces la gente me pregunta. Yo voy al teatro porque me gusta, no porque sea un tío culto. Lo considero ocio. Aun encima, si tengo la oportunidad de conocer al autor de la obra, de que me explique el por qué, de dónde viene… Al final, es un mundo muy rico del que puedes aprender muchísimas cosas.

—Estando en Sevilla dijiste que al único compañero que pudiste llevarte al taller fue a Juan Cala. ¿Cuál es la relación de los futbolistas con la cultura?
—Cala vino porque lo engañé y se apunta a un bombardeo (se ríe). Solía ir al teatro con muchos compañeros también en Madrid y ahora en Valencia. Consumen el teatro como cualquiera, como ocio, lo que pasa es que, como es mi caso, si puedes conocerlo un poquito más desde dentro, pues mejor. Hubo un tiempo en que la gente de la cultura veía el fútbol como el opio del pueblo, un deporte de masas, pero ahora yo veo a muchísima gente de la cultura en partidos de fútbol y que, incluso, hace paralelismos con sus profesiones.

—La gente de a pie se queja de la inaccesibilidad de ciertas actividades culturales. ¿Y los futbolistas?
—Leí que en Francia habían sacado un carné para la gente joven para acercar esa cultura un poquito elitista de grandes museos y demás. No recuerdo exactamente cómo era, pero me parece genial. Hay que invertir en cosas así, aunque he de decir que en Sevilla, que la conozco un poco más en profundidad, estaba baratísimo ir a cualquier obra de teatro, microteatro o conciertos en azoteas. Yo conozco a futbolistas que sí invierten en cultura y que, por supuesto, la apoyan. Incluso acuden a promocionar muchos actos, ya sean libros, obras de teatro, estrenos de cine.

—¿Los futbolistas os habéis ganado el cliché de incultos?
—Tengo amigos futbolistas que tienen buenos coches y que van al teatro. Otros a los que no les gusta y que no leen nunca. Eso va en la persona. Cada vez los clubes se van preocupando mucho más de la formación de los futbolistas. Antes, el que llegaba al primer equipo parecía que tenía que dejar los estudios y no se preocupaba nada de su vida académica. Ahora, sobre todo en categorías inferiores, se hace más hincapié. Evidentemente, cuando tocas el primer equipo ya es algo que no inquieta tanto.

—¿Con cuántos colegas de profesión podrías mantener una conversación sobre teatro, cine, literatura, música…?
—Yo creo que con muchos. He ido a musicales y conciertos con muchos. Sobre todo, porque yo tampoco soy un superentendido o alguien que lleva diez años en la industria del teatro. Cuando voy a ver una obra, luego intento comentarla, es algo que normalmente suelo hacer.

—Para ser alguien cultivado no es necesario haber estudiado una carrera o haberse leído todas las obras de la literatura universal.
—No, no. Por supuesto que la lectura te da cultura, te da vocabulario, te da saber hablar. El teatro y el cine te dan muchísima comprensión hacia muchísimos temas. Pero para ser alguien culto no tienes que tener tres carreras. Por eso te digo que, al final, el modo de consumir la cultura por la mayor parte de la población es a nivel de ocio. La cultura te enriquece, te genera preguntas, conversaciones. Con la cultura descubres nuevas opiniones, otros puntos de vista que te hacen abrir más la mente.

—Tú empezaste la carrera de Periodismo.
—Sí, pero duré poquito, macho. Lo dejé en segundo y tenía dos o tres asignaturas de primero.

—Por cierto, ¿qué te parecen expresiones como “el futbolista es un teatrero”?
—Lo que es. Cuando alguien simula es un teatrero. No creo que sea nada despectivo hacia los dos mundos.

—¿Qué futbolista simula mejor las faltas?
—(Se ríe) Hombre, hay unos cuantos por ahí.

—He leído que lo primero que hiciste al llegar a Valencia fue mirar la cartelera. ¿Con qué frecuencia asistes al teatro?
—La miro todas las semanas para ver quién viene, ya sean monólogos, musicales, comedias o dramas. Ahora, curiosamente, hace un mes y pico que no voy. Cuando llega el final de la temporada, me centro y me enfoco en el fútbol. Pero, depende, hay meses en los que voy tres veces y otros en los que voy una.

—¿Dónde has visto el mejor teatro?
—Me acuerdo, no me preguntes por qué, de un concierto de Quique González en San Sebastián. El teatro Victoria Eugenia me pareció la hostia. No sé, es un recuerdo muy nítido. Además, fue hace muchísimos años. Y de obras no me quedo con ninguna, pero sí con el microteatro que he visto en Sevilla. Me gustan los sitios pequeñitos. Sobre todo, porque conozco a la gente que lo hace y sé lo que supone para ellos, la pasta que se dejan en montar la escenografía y el esfuerzo. A lo mejor no tienen un duro y se lo gastan en eso. Todo eso me llega más que cualquier otra obra.

—¿En Alemania también ibas al teatro?
—No, en Alemania no fui ni una vez (se ríe). Por eso fue lo primero que hice al llegar a Valencia. En Alemania, fui a conciertos, pero al teatro no. De hecho, hubo un hombre que me propuso traer a España una obra de teatro alemana. Me mandó un vídeo. Era un texto sobre el suicido, de una hora y pico, de un hombre solo, hablando en alemán… Lo vi un poco fuerte (se ríe).

—¿Y el cine?
—El cine me gusta mucho. Pero una buena obra de teatro no la puedo comparar con el cine. Hay mil películas, pero verlo en vivo no se puede comparar.

—¿No crees que todavía está por hacerse una gran película sobre fútbol?
—Sí, puede ser. De todas formas, de fútbol lo que más veo son documentales. De hecho, justo me he quedado a medias viendo uno que se llama Kaiser: el mejor futbolista que nunca jugó un partido. Va sobre un tío que iba de equipo en equipo, un caradura, un estafador, muy malo. Lo echaban de todos los equipos, pero jugaba en los mejores. Creo que llegó a jugar hasta dos veces en el Flamengo. Incomprensible.

—Se me viene a la cabeza Evasión o victoria.
—Sí, porque, además, mucha parte de la película es el partido en sí. Mi película favorita de la vida, en general, es Días de fútbol. No se centra en el fútbol a nivel mediático, de estrellas, de la élite, pero los valores del fútbol están muy representados. De hecho, lo que pretendo yo algún día es hacer un equipo con mis colegas cuando me retire. Al final, esa es la base del fútbol.

—¿Cuántas veces la has visto?
—¡Yo qué sé en cuántos viajes, con el Sevilla y el Rayo, hemos puesto esa película! Para mí una buena película es la que me llega, la que me mueve por dentro, la que me hace reír o llorar. Tampoco soy mucho más avanzado que el resto del mundo (se ríe).

—La oportunidad de ser productor teatral te llegó más o menos por casualidad, pero ¿tienes más proyectos?
—De momento, no se ha dado la circunstancia. Es verdad que me llegó por casualidad por mi profesor y amigo Sergio Rodríguez. Fue una lástima que yo tuviera que vivirlo desde lejos. Estaba al tanto de todo y estábamos hablando continuamente, pero yo estaba en Alemania y ya habíamos empezado la pretemporada cuando se hizo en el Ciclo Romano de Andalucía. Tengo esa espinita, pero estoy contento por cómo salió.

—¿Te dedicarás al teatro una vez retirado del fútbol?
—Fue una cosa puntual y creo que es difícil meterse, hay que entender cómo se hacen las cosas. Yo tuve la suerte de que Sergio, aparte de dirigir, era el que se ocupaba de todo. Veremos si surge alguna cosa más, pero, de momento, no está a la vista.

Marcos Martín Reboredo
Marcos Martín Reboredo
Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.
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