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Las grandes mentiras, verdades e incógnitas de la Locura de Marzo (y las promesas que vienen)

Ahora que la Universidad de Virginia se acaba de proclamar campeona de la Division I de la NCAA de baloncesto masculino tras derrotar en Minneapolis a la Universidad de Texas Tech (85-77) aprovechamos para hacer un repaso a las grandes mentiras, verdades e incógnitas que ha dejado una nueva y apasionante edición de la locura de marzo, tanto en la categoría masculina como en la femenina. Y, de paso, os adelantamos los nombres de los jugadores (y jugadoras) del futuro. Estáis todavía a tiempo de buscar vuestro bolígrafo en el fondo del cajón.


Las defensas derrotan a los ataques


La gran final nacional disputada en la noche de hoy lunes en Minneapolis sirvió para ejemplificar el hilo argumental de todo el NCAA March Madness 2019: las defensas derrotaron a los ataques. Mientras los a priori favoritos al título iban cayendo eliminados (Duke, Gonzaga o North Carolina, todos ellos equipos de más de 80 puntos por encuentro, situados entre los ocho máximos anotadores de la competición), Michigan State ajustaba su trabajo defensivo para permitir menos puntos encajados que en temporada regular (sólo Duke, con 67, le metió más de 65 puntos, su media antes de la postemporada) para colarse en una Final Four en la que la única nota discordante fue Auburn, totalmente fiel a su juego ofensivo y a su bombardeo exterior (los Tigers fueron uno de los cuatro conjuntos que superaron en temporada regular los 1.000 lanzamientos de tres intentados). Todo lo contrario que los dos finalistas, Virginia y Texas Tech, que llegaron hasta el partido definitivo por su camino habitual: intensidad atrás y solidaridad defensiva. Los datos, en este caso, son elocuentes: los Cavaliers son el conjunto que menos puntos permitió a sus rivales en temporada regular (55.5 puntos por choque), mientras que los Red Raiders fueron los terceros mejores de la competición en esa misma faceta (58.8 puntos por choque). Moraleja: al éxito no se llega por asalto, sino con una buena muralla.


Un año de menos sorpresas… hasta el final


Veníamos de una locura de marzo del año pasado en la que por primera vez en la historia un seed 16 (UMBC) había derrotado en primera ronda a un seed 1 (Virginia) y exactamente un año después ese seed 1 repitió de nuevo como uno de los cuatro cabezas de serie y llegó… hasta la final. Se preveía un año de pocas sorpresas y, sin que sirva de precedente, por una vez en la vida las previsiones acertaron: si el año pasado el Elite 8 contó con un seed 9 – seed 11 (Kansas State – Loyola Chicago), un seed 9 – seed 3 (Florida State – Michigan) y solo un seed 1 – seed 2 (Kansas – Duke), este año tres de los ocho conjuntos que llegaron al Elite 8 eran seed 1 (Duke, Virginia y Gonzaga), dos de ellos eran seed 2 (Michigan State y Kentucky), otros dos eran seed 3 (Purdue y Texas Tech) y únicamente Auburn volvió a ser la nota discordante merced a su condición de seed 5. Sin embargo, las sorpresas llegaron justo en el momento en el que tenían que llegar, en el fin de semana previo a la Final Four. Auburn se deshizo de Kentucky, Texas Tech acabó con el hype de Gonzaga y, sobre todo, Michigan State derrotó al favoritísimo Duke para recordarnos un año más una certeza inalterable: el March Madness se define obligatoriamente como imprevisible. O como locura. Lo que prefieran.


Duke es siempre lo mismo


Según las apuestas, no había un favorito al título tan claro desde eones como el Duke de este año y los Blue Devils fueron acumulando sustos en segunda ronda ante UCF y en el Sweet 16 contra Virginia Tech hasta que por fin se la pegaron sonoramente en el Elite 8 ante los Spartans de Tom Izzo, así que tal vez sea un buen momento para lanzar un aviso a navegantes: este Duke (el de Mayweather, LeBron o Jay Z pagando dinero desorbitado para verle jugar en primera fila, el de los récords de audiencia televisiva) es exactamente el mismo que el de hace un año. Y también es exactamente el mismo que el de hace cinco años (que ganó el título nacional con Tyus Jones, Quinn Cook, Justise Winslow y Jahlil Okafor). Y también es exactamente el mismo que el de hace diez años (que ganó el título con Nolan Smith, Seth Curry, Kyle Singler, Jon Scheyer y los hermanos Plumlee). Y también es exactamente el mismo que el de hace quince años. Es indiferente que Mike Krzyzewski les ponga a defender en zona (como, sin ir más lejos, el año pasado) o en individual (como, por ejemplo, este año) y cualquier otra variante táctica: todos sus partidos son iguales y se explican de la misma manera. Porque la variante que realmente explica a Duke no está dentro de la cancha, sino fuera de ella: su enorme capacidad de reclutamiento. De tal modo, los Blue Devils seguirán la próxima temporada transmitiendo en cada encuentro la misma ecuánime insolencia y endeblez, la misma equitativa capacidad para ganar o perder cualquier encuentro, la misma equilibrada distancia entre el éxito y el fracaso cuando llegue el mes de marzo. Este año, con posiblemente el mejor reclutamiento de su historia (Zion Williamson, R.J. Barrett, Cam Reddish y Tre Jones), la distancia se ha acercado hasta el fracaso, veremos lo que ocurre el próximo año con Vernon Carey, Wendell Moore, Rejean Ellis y compañía. Pero, ocurra lo que ocurra, seguro que todos sus partidos volverán a ser iguales y se explicarán de la misma manera. Porque no es una cuestión de que entre o no una canasta con el tiempo casi cumplido. Es una cuestión metafísica, de filosofía existencial.


Zion Williamson, el proyecto con más posibilidades de triunfar en la NBA desde Anthony Davis


Si Duke ha fracasado con estrépito, no ha sido así para su máxima estrella y futuro número 1 del draft de la NBA, un Zion Williamson que ha salido todavía más reforzado de la locura de marzo. El flamante Naismith Player of the Year (el tercer freshman, jugador de primer año, que lo consigue ganar tras Kevin Durant y Anthony Davis) ha respondido en cada encuentro a las expectativas para confirmar la (¿única?) gran verdad del NCAA March Madness: Zion es el proyecto con más posibilidades de triunfar en la NBA desde que el propio Anthony Davis arrasara todo y a todos en su único año en la Universidad de Kentucky. ¿Tiene el 1 de Duke un potencial nivel LeBron James? No se sabe todavía, pero seguro que sus actuaciones contra North Dakota State, UCF (especialmente), Virginia State y Michigan State han servido para que la gente que le vio jugar antes de su lesión y después en su reaparición mariana en la Champ Week se reafirme en su respuesta a esa pregunta: no seré yo el que diga rotundamente que no.


Los jugadores que se han revalorizado (y el que no)


Hay mucha gente que sigue el NCAA March Madness en clave de draft NBA y han sido bastantes los jugadores que se han revalorizado en estos partidos, empezando por Ja Morant, que se presentó ante el público mayoritario con un triple-doble contra Marquette (17 puntos, 11 rebotes y 16 asistencias) que le ha situado como favorito en su lucha por el número 2 del draft con R.J. Barrett, otro jugador que sale revalorizado de este mes porque no ha bajado nunca sus altas expectativas creadas (tal vez, sí que ha disminuido un poco su presunta capacidad en el clutch). En cualquier caso, también hay que situar en la vanguardia de los jugadores más revalorizados a proyectos como Coby White o Chuma Okeke (pese a romperse el ligamento anterior cruzado contra North Carolina, algunos mock drafts le sitúan hasta en primera ronda tras sus partidos de marzo) y, especialmente, a los finalistas Jarrett Culver (uno de los mejores jugadores a lo largo de toda la temporada) y De’Andre Hunter, que podrían auparse hasta el top 5 del draft. Nassir Little, Keldon Johnson, P.J. Washington (Kentucky es mucho mejor cuando está él), Nickeil Alexander-Walker, Bruno Fernando, Ty Jerome o Rui Hachimura (por salvar, con más o menos soltura, el hype que se creó alrededor de él cuando Gonzaga derrotó a Duke en Maui en el cada vez más lejano mes de noviembre) son otros nombres que añadir en una balanza positiva en la que también se puede situar a jugadores como Tyler Herro, Cameron Johnson, Brandon Clarke, Tre Jones (más o menos), Carsen Edwards, Grant Williams o Admiral Schofield, protagonistas en determinados momentos de los encuentros de sus equipos (Herro, Johnson, Clarke, Williams), líderes absolutos entre sus compañeros (Schofield) o con recursos para despejar incógnitas (el poder anotador de Edwards, las apariciones aleatorias del pequeño de los hermanos Jones). Todo lo contrario que Cam Reddish, uno de los mayores proyectos antes de empezar el curso al que el mes de marzo, entre lesiones y avatares varios, le ha sentado fatal: ahora las dudas sobre su potencial, que ya estaba ampliamente en entredicho, comienzan a ser todavía más grandes más allá de su indiscutible capacidad atlética. Que, eso sí, no es poco.


Josh Green, Isaiah Stewart, Cole Anthony y todos los proyectos que vienen


Mientras en Minneapolis se luchaba por ser el nuevo campeón de la Division I de la NCAA, el Christ The King High School, situado en el neoyorquino barrio de Queens, acogió del jueves al sábado pasado el Campeonato Nacional de Estados Unidos de Baloncesto de Instituto. La IMG Academy de Bradenton (Florida) se adjudicó el título en una cita en la que estuvieron presentes la mayoría de los grandes proyectos, a excepción de James Wiseman (número 1 del ESPN 100 y Gatorade Player of the Year, el próximo año jugará en la Universidad de Memphis), Anthony Edwards (número 5 del ESPN 100, jugará en la Universidad de Georgia) y Jaden McDaniels (número 6 del ESPN 100, todavía no ha decidido la universidad en la que jugará). Apuntad los nombres de los que sí estuvieron:

– Cole Anthony: El MVP del reciente McDonald’s All American Game (el partido anual que enfrenta a los mejores jugadores de instituto de Estados Unidos) falló a falta de tres segundos para la conclusión de la semifinal contra La Lumiere el tiro que pudo llevar a la final a su equipo, la Oak Hill Academy, pero dejó una grata impresión a lo largo de todo el torneo. En cuartos de final, el base se fue hasta los 30 puntos y 11 rebotes, mientras que en la citada semifinal bajó notablemente su acierto en el tiro (4 de 16 en tiros de campo, con 1 de 9 en triples), pero supo reinventarse como asistente (8 asistencias). Todavía no ha anunciado la universidad en la que jugará el próximo año.

– Vernon Carney: El nuevo proyecto a pulir por Coach K en Duke (pívot, número 3 del ESPN 100) duró poco en el torneo, pero también dejó prometedoras sensaciones. En su partido de cuartos de final ante la potente Montverde Academy (cuatro campeonatos de los seis últimos antes de este fin de semana), Carney dominó el juego interior (15 puntos y 11 rebotes) y demostró que también puede prodigarse en el tiro exterior (2 de 4 en triples), algo totalmente imprescindible para un poste en el baloncesto actual.

– Isaiah Stewart: Pero si hay que hablar de un pívot dominante a lo largo de los tres días de la competición ese es el número 33 de La Lumiere, el equipo subcampeón. Isaiah Stewart (número 4 en el ESPN 100, jugará en la Universidad de Washington) aportó ofensivamente en cuartos (25 puntos, sin fallo desde el tiro libre y con 2 de 3 en triples), mostró su versión más imperial en la semifinal ante Oak Hill (14 puntos y 16 rebotes) y permitió soñar con el título a su equipo durante gran parte de la final (14 puntos y 7 rebotes). Su figura se terminó diluyendo en los minutos definitivos, pero no así la promesa de que puede ser un jugador determinante.

– Josh Green: Fue elegido mejor jugador de la final y realmente lo mereció. La IMG Academy se llevó el título en cuanto pudo robar balones para correr al contraataque y Josh Green fue su estilete con un par de finalizaciones en forma de mate. El escolta de Florida (número 7 del ESPN 100, jugará en la Universidad de Arizona) sumó puntos (12 en semifinales, 19 en la final), valentía, capacidad atlética y determinación. Un proyecto que puede tener una interesante evolución.

– Jeremiah Robinson-Earl: Además de Green, hubo otros dos jugadores que sobresalieron en la talentosa y coral plantilla de la IMG Academy: Jaden Springer (número 11 del ESPN 60 del año 2020) y Jeremiah Robinson-Earl. Este último, alero/ala-pívot (número 20 del ESPN 100 de este año, jugará en la Universidad de Villanova), fue el más consistente en el ataque del equipo campeón, sumando siempre puntos y rebotes (16/9 en la semifinal, 18/7 en la final) y añadiendo visión de juego en el partido decisivo (6 asistencias). Otro proyecto con un desarrollo prometedor si cae en buenas manos en su formación.

– Precious Achiuwa y Armando Bacot: Achiuwa (ala-pívot, número 16 del ESPN 100, todavía no ha decidido universidad) y Bacot (pívot, número 18 del ESPN 100, jugará en la Universidad de North Carolina) fueron otros de los proyectos destacados que se pudieron ver en los Nationals High School disputados en Queens. Ambos dejaron la misma impresión: capacidad de intimidación y facilidad para coger el rebote. No parece una mala base sobre la que cimentar una posible carrera baloncestística.


Y en categoría femenina…


Si la locura de marzo apenas regaló sorpresas hasta su fase final en la categoría masculina, en la Division I de la NCAA Women Basketball directamente no hubo ninguna sorpresa. Los ocho grandes favoritos se clasificaron para el Elite 8 (Baylor, Notre Dame, Mississippi State, Louisville, Iowa, Stanford, Oregon y UConn) y todas las grandes estrellas respondieron a las expectativas con unas actuaciones soberbias: Sabrina Ionescu, Asia Durr, Teaira McCowan, Napheesa Collier, Arike Ogunbowale, Kalani Brown, Alanna Smith y Megan Gustafson. Todas ellas acudieron puntuales a la cita con los focos en un torneo que, sin embargo, terminó decidiéndose merced a una actriz secundaria: la asfixiante defensa de Baylor (mención especial para DiDi Richards en casi todos los partidos) exprimió las ideas del hasta el domingo poseedor del título Notre Dame (pese a los 31 puntos de Ogunbowale, que falló el tiro libre que habría llevado el partido a la prórroga) y Chloe Jackson asumió los galones ofensivos (y la bandeja decisiva) para dar el campeonato siete años después de nuevo a la escuadra entrenada por Kim Mulkey. Un desenlace que, como dijimos, entra dentro de la normalidad. Porque, de hecho, la sorpresa (colosal) del torneo se produjo apenas unas horas antes y no fue dentro de la cancha: la renuncia de Sabrina Ionescu al draft de la WNBA, en el que iba a ser unánime número 1, para militar una temporada más en una Universidad de Oregon en la que la española Maite Cazorla despidió su ciclo universitario con honores, buen nivel, relevancia e hitos.


Lo que viene… y Azzi Fudd


Al igual que en la categoría masculina, el Christ The King High School acogió el viernes y el sábado el Campeonato Nacional de Estados Unidos de Baloncesto de Instituto en categoría femenina. El título fue para New Hope, que se mostró más solvente que St. John’s en el tramo definitivo de una final en la que varias jugadoras dejaron su carta de presentación:

– Malu Tshitenge-Mutombo: La sobrina del legendario Dikembe, que jugará el próximo año en la Universidad de North Carolina, mostró una buena versión en tareas defensivas (6.5 rebotes por encuentro e intimidación para cambiar los tiros de sus rivales), pero también falta de recursos para aprovechar sus condiciones físicas en ataque (6 puntos por encuentro y recurrentes oportunidades perdidas para ir a la línea de tiros libres). Por ahora, sus probabilidades de éxito son mayores que su eficacia real.

– Jada Walker: La base sophomore (número 25 del ESPN 25 del año 2021) fue una de las jugadoras más determinantes en el campeonato de New Hope pese a su precocidad. Estuvo irregular en el tiro (mejor en la semifinal), pero atacó una y otra vez la defensa de St. John’s para crear segundas oportunidades ofensivas y tiros liberados para sus compañeras. Su energía, además, fue contagiosa.

– Azzi Fudd: Pese a que su equipo no se alzara con la victoria final, el nombre que sobresalió por encima de cualquier jugadora fue el de Azzi Fudd, la gran sensación del baloncesto estadounidense y, a la par, primera mujer de la historia en conseguir el premio a mejor jugadora de la temporada siendo sophomore (jugadora de segundo año, es decir, dos años menos que las más mayores). La base (número 1 del ESPN 25 del año 2021) mostró tener fundamentos, talento, IQ y físico para ser una estrella de la WNBA si nada se tuerce. Por ahora, en Queens se exhibió en la semifinal (27 puntos y un dominio ofensivo absoluto) y ya en la final, pese a estar tremendamente errada en el tiro (5 de 19 en tiros de campo con 0 de 6 en triples) supo contrarrestar su frustración para aportar soluciones con otras variantes del juego hasta terminar el choque como máxima anotadora y reboteadora del mismo (14 puntos y 12 rebotes). Con lo que mostró sobre la cancha, se puede asegurar que Azzi Fudd es, sin duda, una jugadora con un potencial infinito.

Un potencial tan infinito como el que desde ya tiene Zion Williamson, el futuro con aroma a presente. La locura de marzo se ha acabado. El número 1 del draft y la NBA le esperan.

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