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Casillas: el triunfo en el exilio

No debe ser fácil hacer una maleta después de 25 años. Agarrar el petate y emprender una nueva vida lejos de tu hogar. Por mucho que atrás dejes el ruido y una atmósfera asfixiante. Por mucho que huyas de tu propia figura y de todo lo que su alargada sombra representa. El temor a lo desconocido rivaliza con la excitación del volver a empezar. Lejos, pero no tanto. Lo suficiente como para que el eco de tus victorias y hazañas, pero también de tus derrotas y lunares más oscuros se vayan apaciguando entre la bruma. Ese exilio voluntario fue el que emprendió Iker Casillas hace cuatro años cuando arribó a la desembocadura del Duero en busca de aire fresco. Allí ha encontrado una felicidad tranquila y quizás no haya mayor triunfo.

Porque Oporto en 2015 parecía una estación intermedia. Una salida en falso que no colmaba las expectativas más exóticas (Qatar, EE.UU. o Japón) ni saciaba el apetito de un competidor voraz. Iker recalaba en una liga menor que actuaba de comparsa en la Champions, esa que Casillas venía de levantar para satisfacción del madridismo en la cercana y ya rival Lisboa, como penúltima postal de una vida en blanco. El portero que tantos quisieron beatificar se ponía por primera vez bajo otros palos en un reto personal con aroma a revancha. Consigo mismo y contra todos aquellos que dudaron de él. No lo hizo Iker, que desde el primer día comprendió la grandeza de los Dragones y de una afición pasional que exige la victoria igual que en Madrid y cuya rivalidad con el Benfica es un fado del puente aéreo.


Un galáctico en Oporto


La melancolía y la tranquilidad que transpira la ciudad bañada por el Duero se vio alterada por la llegada de los Casillas-Carbonero. Junto a ellos un ejército de paparazzis que se fueron difuminando con el correr del tiempo, mientras el rodillo de la actualidad (deportiva y alcahueta) desviaba el tiro hacia otros focos. Así que de Casillas, con Julen Lopetegui en el banquillo luso, nos empezaron a llegar sus buenas actuaciones, pero sobre todo sus errores garrafales. Eran las píldoras propicias para las redes sociales. Carnaza para sus detractores a golpe de click. Tampoco ayudó mucho Iker que entró de lleno en el mundo 2.0 para contestar a haters y trolls, amplificando así el ruido. Esa primera temporada lejos de casa fue un tiempo convulso para el cancerbero y para el club, con hasta tres entrenadores y un tercer puesto en la Liga portuguesa en la que el Benfica y el Sporting se jugaron el título, y en la que el Oporto tuvo poco que decir.

Al año siguiente, Pinto da Costa, el Presidente eterno del Oporto (lleva en el cargo desde 1982) entregó el nuevo proyecto a su compatriota Nuno Espirito Santo. Tras sus malas experiencias en A Coruña y en Valencia, el que fuera defensa central confía en Iker Casillas como su portero titular. Con Nuno, el de Móstoles vuelve a jugarlo todo y a sus 35 años es el encargado de transmitir toda su experiencia y aplomo a una plantilla cargada de jóvenes. El Oporto vuelve a pelear por la liga portuguesa hasta las últimas fechas y en Champions su andadura termina en octavos donde se cruza con la Juventus de Turín que alcanzó la final de Cardiff. El año en lo deportivo no resulta satisfactorio por más que el equipo recuperara el ardor competitivo y el rendimiento de la plantilla tenga margen de mejora. El Benfica acaba de hacerse con su cuarta liga consecutiva y eso escuece en el orgullo de Do Dragao. Si suman un nuevo título liguero igualarán la gesta histórica de los blanquiazules de cinco consecutivas.


Título y redención


Tras haber encajado como guante en el club y en armonía ya con una ciudad donde las únicas tempestades las provocaba el Atlántico, Casillas arrancó su tercera temporada con los Dragones con el objetivo de lograr un título. No se lo puso fácil el nuevo técnico Sergio Conceiçao que tras asegurar: “Es un profesional ejemplar”; lo sentó en el banquillo en el mes de octubre. Desde entonces el dueño de la portería fue el joven José Sa. Y la intranquilidad se trasladó al club, conscientes de que Iker era su figura estratégica, el hombre que había relanzado la marca del Oporto en el mercado futbolístico y que la leyenda veía ahora los partidos desde el banquillo. Casillas revivía viejas pesadillas y algún que otro fantasma sobrevoló Oporto.

Más aún cuando el portero tampoco pudo imponer su experiencia en su torneo favorito. Tras jugar las dos primeras jornadas de la fase de grupos Casillas desaparece también en el máximo torneo continental. En Liga no vuelve a defender la portería de los Dragones hasta mediados de febrero, para entonces ya se ha producido la masacre del Liverpool. En la ida de los octavos de final de la Champions, disputada en Do Dragao frente a los reds, los de Klopp son una tormenta perfecta que arrecia con fuerza sobre José Sa. El resultado es devastador (0-5) y la eliminatoria queda resuelta. Casillas jugará la vuelta en Anfield y mantendrá su portería a cero (0-0). Desde entonces nadie le quita el puesto.

Con él bajo palos se gana al Benfica en el duelo decisivo de Da Luz (0-1, jornada 30) y el Oporto recupera el liderato. Los acontecimientos se precipitan en esos últimos meses de la temporada pasada. Tanto que la perspectiva de Iker cambia, también la toma de decisiones. El cancerbero madrileño tenía prácticamente los dos pies fuera en marzo, pero la situación es totalmente distinta en mayo. El Oporto ha logrado su décima Liga, un título que Iker celebra especialmente y que se convierte al instante en uno de los más especiales de su carrera. Casillas es consciente de todo lo que ha sufrido para llegar hasta ahí, de los sinsabores de un año agridulce. Imbuido por la euforia que se respira en la ciudad y tras haber recuperado la confianza de Conceiçao, Iker renueva y para demostrar su compromiso con los dragones se baja el sueldo según contó esos días la prensa lusa: “A mí me gustaría seguir un año más, yo me planteo ya las cosas a corto plazo y disfrutando del momento», había dicho Casillas tras el último partido de liga, ya con el título en el zurrón.

Al inicio de su cuarta temporada el portero se ha convertido ya en una leyenda del club. A la altura de los Vitor Baia o Mlynarczyck, aunque a diferencia de ellos, Iker no ha alzado la Orejona para los Dragones. “El fútbol es pasión, pero también es una industria y que el club tenga un jugador de la trayectoria de Iker ayuda a que sea cada vez más fuerte y tenga más seguidores” comentaba Baia en un acto celebrado solo una semana antes de la vuelta de octavos de final frente a la Roma. Ese día Casillas se juntó con los dos mitos de la portería lusa para conjurarse en busca de la remontada. Do Dragao terminó obrando el milagro en un final de infarto, con prórroga incluida.

Los de Sergio Conceiçao con Casillas jugándolo todo se han plantado en cuartos de final de la Champions para que el cancerbero español siga engrosando unas cifras mastodónticas. Nadie ha jugado más partidos que él en la máxima competición europea (175) y nadie acumula más temporadas consecutivas persiguiendo a la Orejona (20). Completamente asentado en el club, donde su hijo Martín ha empezado a jugar en las categorías inferiores y con la sensación de haber encontrado en Oporto su segunda casa, Casillas ha vuelto a renovar para prolongar su vínculo con la ribera del Duero hasta los 40 años. Camino de los 38, Iker busca un nuevo título liguero, el Oporto está empatado a puntos (69) con el Benfica en la primera plaza, con seis jornadas por disputarse y su rendimiento esta temporada roza el sobresaliente (ha dejado la portería a cero en 16 partidos de los 35 disputados), tanto que su nombre ha vuelto a sonar para la Selección.

No obstante su cabeza está Anfield. Allí vivirá su particular revancha Casillas. En esta ocasión la eliminatoria no llega decidida e Iker agrandará su leyenda escuchando una vez más el himno de la Champions. Su participación será clave, más aún si tenemos en cuenta las bajas de su buen amigo Pepe en el eje de la zaga y del mexicano Héctor Herrera. El partido repleto de alicientes contará también con la presencia del futuro madridista Militao que ejercerá de central. Casillas y los suyos lucharán contra el embrujo de las noches europeas de Anfield. Un terreno inexpugnable para cualquiera que no vista de rojo, ya que los reds no pierden allí desde hace más de cinco años. Fue el 22 de octubre de 2014 frente al Real Madrid (0-3) y ese día Casillas defendía la portería blanca. A ese recuerdo se aferra hoy Iker, con la tranquilidad de haber encontrado un lugar en el que seguir disfrutando de lo que más le gusta, jugar al fútbol.

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