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Ya no te acordabas de ellos

Los futbolistas vienen y van. Están de paso. El corazón de un equipo no son sus estrellas, sino esos que acuden fielmente al campo todos los domingos. Al final, los que siempre quedan ahí son los aficionados. Van a celebrar victorias o a llorar derrotas. Muchos de ellos sueñan con volver a ser lo que un día les contaron que fueron…

Los aficionados del Benfica padecen desde hace más de medio siglo la maldición de Béla Guttmann, un exfutbolista y entrenador austro-húngaro que en 1962 lanzó un maleficio que aún hoy perdura sobre el club lisboeta. Guttmann no se tomó muy bien que el equipo al que había hecho doble campeón de Europa no le subiera el sueldo. Para entender la magnitud de aquel Benfica que tenía a Eusebio como estrella, basta un dato: hasta ese momento se habían disputado siete ediciones de la Copa de Europa, las cinco primeras ganadas por el Real Madrid y las dos siguientes por el Benfica. Guttmann entendía que su éxito al frente de los portugueses bien merecía un aumento de salario. Sin embargo, la directiva opinaba lo contrario. La pena le duró poco al técnico austro-húngaro (fichó por Peñarol ese mismo verano), mientras que al club lisboeta le perseguiría el resto de su vida… “Sin mí, ni en cien años, el Benfica será campeón de Europa”. Desde que Guttmann pronunció esa frase en 1962, el Benfica ha disputado ocho finales europeas y no ha ganado ninguna. Si alguna vez quieres gafar a alguien, háblale de Béla Guttmann.

A los aficionados del Os Belenenses, sin embargo, les debieron de hablar de alguien mucho peor que Guttmann. Este humilde club de fútbol de la capital portuguesa padece una sequía de títulos todavía más sangrante que la de sus vecinos del Benfica: llevan desde 1946 sin ganar una Liga de Portugal. Y lo que es peor, desde 1933 sin levantar una Copa. Como para hablarles a los aficionados del Os Belenenses de finales europeas.

La historia del Torino está marcada por la tragedia… y esa es una parte ineludible de su encanto. Hubo un día en el que los aficionados del conjunto turinés lo fueron también del mejor equipo del mundo. Durante la década de los cuarenta, el conocido como Grande Torino conquistó cuatro Scudettos consecutivos. La base de la Selección italiana era la suya, con diez de los once titulares. El 4 de mayo de 1949, el avión que transportaba de vuelta a casa a este equipo de leyenda se estrelló contra la Basílica de Superga, al norte de Turín, por culpa de la niebla. Venían de jugar un amistoso en Lisboa frente al Benfica. El Torino se hizo eterno por segunda vez. En esta ocasión, no por sus extraordinarios méritos sobre el césped del Filadelfia. El mejor equipo de la historia de Italia juega sus partidos en el cielo desde hace casi 70 años. Cada 4 de mayo se les rinde homenaje.

Casi 20 años después de la catástrofe de Superga, los aficionados del Toro volvieron a sonreír. El responsable de esa felicidad acababa de rechazar a la Juventus, escuchaba jazz, pintaba cuadros y tenía a una gallina como mascota. Su nombre era Gigi Meroni, un George Best a la italiana. El 15 de octubre de 1967, Meroni abandonó el hotel de concentración de su equipo para ir a tomarse un helado. Al cruzar una de las calles de Turín, fue atropellado por un vehículo. El conductor era Attilio Romero, un aficionado hasta la médula del Torino que tenía su cuarto empapelado con posters del ídolo al que acababa de quitar la vida. En 2002, Romero fue elegido presidente del club de sus amores. Su gestión tampoco fue muy allá: llevó al Torino a la bancarrota. Salvo una excepción en 1976, los aficionados del conjunto turinés no han vuelto a celebrar un Scudetto desde aquella gloriosa década de los cuarenta.

El equipo decano del fútbol italiano es el Genoa, fundado en 1893. El club genovés tiene el honor de ser el primer campeón de la Liga italiana de la historia. También es el cuarto equipo del país con más títulos de Liga, sólo superado por Juventus, Milán e Inter. Esto tiene mucho mérito teniendo en cuenta que la última vez que el Genoa reinó en el Calcio fue en 1924… hace casi un siglo. Los grifones están a un trofeo de lograr la ansiada estrella (símbolo que entrega la Serie A a los equipos con diez Scudettos). La culpa de que no la luzcan ya la tienen los aficionados del Bologna. El de 1925 fue el verano más largo en las vidas de los futbolistas de estos dos equipos.

En aquella época, el campeón de Italia se dirimía en una final entre los ganadores de las liguillas del norte y el sur del país, siendo esta última de un nivel muy inferior a la del norte. Genoa y Bologna se vieron las caras por un puesto en la gran final. La eliminatoria, después de la ida y la vuelta, se iba a decidir en un tercer partido en Milán. Los genoveses vencían 2-0. En un momento de la segunda mitad, multitud de aficionados del Bolonia saltaron desesperados al campo reclamando que el saque de esquina que el árbitro acababa de pitar a favor de su equipo era en verdad gol. Lo normal hubiera sido suspender el encuentro, pero aquellos eran otros tiempos. Después de 15 minutos, el colegiado contradijo su decisión e hizo caso a las plegarias de los hinchas del Bologna que lo rodeaban… a pesar de que el portero genovés había despejado a saque de esquina. El tercer partido terminó en empate. Llegó un cuarto y, sorpresa, también acabó en tablas. El quinto fue el definitivo. Se disputó en Milán, pese a que se informó que sería en Turín para ahuyentar a las masas. La hora de juego era a las 7:30 de la mañana. El encuentro se disputó en el más absoluto de los secretos. Después de una eliminatoria surrealista de cinco partidos y 480 minutos, el Bolonia conquistó su primer título de Liga. A los aficionados del Genoa les siguen recordando la invasión de campo que les privó de la estrella por la que suspiran desde hace casi cien años. Por cierto, el Bolonia lleva desde 1964 sin levantar un Scudetto.

Italia es un país repleto de clubes que suspiran por volver a ser lo que un día fueron. Este próximo 2019 se cumplirán 50 años del último Scudetto de la Fiorentina. Por no hablar del Nápoles, que desde la época de Maradona sueña con regresar a esos días de gloria en los que los pobres del sur se imponían sobre los ricos del norte. La última vez que sucedió algo así fue en el año 1990. Se dice pronto. En Italia, no sólo sufren los conjuntos de Milán…

Hubo un tiempo en Alemania en el que al Bayern de Múnich le miraban a los ojos. A principios de la década de los 80, el Hamburgo era el equipo más fuerte del país. En 1983, ganaron su segunda Bundesliga consecutiva y la primera Copa de Europa de su historia. Ese título de Bundesliga también fue el último que levantarían. Más allá de trofeos, el prestigio del Hamburgo radicaba en ser el único equipo de Alemania que nunca había jugado en la segunda división. Hasta esta temporada. Hasta las historias más románticas tienen un final. El mítico reloj del Imtech Arena que contabilizaba los días, horas, minutos y segundos del conjunto hamburgués en la Bundesliga dejó de tener sentido este año. El Hamburgo está conociendo de primera mano los terrenos de juego de la categoría de plata del fútbol teutón. Al menos, los aficionados del Borussia Mönchengladbach, otro de los históricos de Alemania, sí pueden disfrutar de su equipo en la Bundesliga… título que no celebran desde 1977.

El equipo más exitoso de Francia no es ni el PSG, ni los Olympiques de Lyon o Marsella. Es el Saint-Étienne, aunque a muchos les cueste recordarlo. Normal. La entidad verde lleva desde 1981 sin levantar un título de Ligue 1. El de ese año fue el décimo. Los aficionados del Saint-Étienne pueden consolarse viendo a los del Sochaux, otro campeón de Francia que lleva unos cuantos años sin rascar metal. Ochenta, concretamente.

En Escocia, hay vida más allá de la hegemonía de católicos y protestantes… aunque para encontrarla haya que remontarse a 1985, el último año en el que la Scottish Premier League la ganó un equipo que no era Celtic o Rangers. Aquel equipo histórico era el Aberdeen de un joven entrenador escocés de nombre Alex Ferguson, que todavía no era sir pero ya apuntaba maneras. El caso del fútbol británico es sorprendente. Dos de los tres equipos que hoy lideran la Premier League están sufriendo de lo lindo para volver a ganar una Premier League. El actual número uno de la tabla, el Liverpool, no lo hace desde 1990; mientras que el segundo, el Tottenham, desde 1961. Mención aparte merece el sufridor Newcastle United. Los aficionados urracas no celebran una Premier League desde 1927.

Es muy curioso que sea en Sevilla, una de las ciudades con más pasión por el fútbol de España, donde encontremos a las dos aficiones que más tiempo llevan sin volver a ver a su equipo campeón de Liga. El Sevilla, rey de la Europa League, lleva desde 1946 sin celebrar un título de Liga. Aún más dura es la agonía para los verdiblancos, que no son campeones desde 1935. Aunque viendo las gradas del Sánchez-Pizjuán y el Benito Villamarín, no parece que sevillistas y béticos pasen excesiva pena por eso… Ha pasado tanto tiempo, que a muchos se les había olvidado que en la capital hispalense conviven dos campeones de Liga.

Los aficionados del Cruz Azul, uno de los clubes más populares del fútbol mexicano, están desesperados. Ya no saben lo que hacer para volver a ver a su equipo celebrar una Liga MX. De hecho, los más jóvenes no saben lo que es eso. Son 21 años sin que el Cruz Azul gane una Liga MX. Desde la de 1997, la Máquina ha perdido cinco finales. La última de ellas ante el América, el eterno rival de la capital mexicana. Existe la idea de que no importa lo bien que compita Cruz Azul, siempre va a suceder algo que le prive de ganar el título. Junto con Monterrey, es el equipo que más finales ha perdido de la historia de México. Aunque la maldición del Cruz Azul vuelva a estar en boca de todos, hay casos como el del Atlas que son todavía más descorazonadores. Los aficionados del conjunto de Guadalajara llevan la friolera de 69 años sin celebrar una Liga MX.

Definitivamente, hay veces en las que el tiempo no todo lo cura… Mientras tanto, el reloj sigue avanzando.

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