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Freddie Mercury dejó el ping-pong para cantarle al deporte

Nacido en Zanzíbar en 1946  —ahora parte de Tanzania y entonces bajo el dominio del Imperio Británico— antes de ser Freddie Mercury fue Farrokh Bulsara. Sus padres, Jer y Bomi Bulsara, lo enviaron con ocho años a la India junto a su abuela y su tía para que recibiera una buena educación. De niño, estudió en St. Peter’s School, en Panchgani, cerca de Bombay, donde empezó a ser más conocido bajo el seudónimo de Freddie. Allí, antes de por la música, se interesó mucho por los deportes. St. Peter’s era una escuela de estilo anglosajón, o sea que las actividades que allí se practicaban eran típicamente inglesas. Freddie detestaba el cricket y las carreras de larga distancia. De hecho, gracias a sus notas, se sabe que destacó por ser un pésimo corredor, aunque sí le gustaba la modalidad de sprint. También estaba especialmente intrigado por el hockey hierba. Mostraba buenas maneras como boxeador, pero su madre le animó a colgar los guantes porque le parecía una práctica demasiado violenta. El joven Bulsara no tuvo reparo en pasarse a otra especialidad; cambió el cuadrilátero por la mesa de ping-pong y, como narra su biografía, a los diez años ya era campeón escolar de dicha disciplina. Poco a poco, se fueron imponiendo sus habilidades artísticas, que entonces ya eran incomparables a las de cualquier niño de su edad.

Freddie Mercury, de niño.
Freddie Mercury, de niño, posando con un trofeo.

Pese a todo, el 7 de octubre de 1977, la música volvió a unir públicamente a Freddie Mercury con el deporte y jamás los separaría de nuevo. Ese día, Queen lanzó We Are The Champions, la banda sonora de millones de celebraciones, de triunfos, de victorias. Fue el primer sencillo del sexto álbum de estudio de la banda británica, News Of The World, aunque su estreno en principio iba a tener lugar dos discos antes, en A Night At The Opera, junto a otro de sus himnos, Bohemian Rhapsody —canción que da nombre a la película biográfica sobre Mercury estrenada recientemente—. A sus 40 años no ha perdido su vigencia: tras una encuesta a más de 700.000 personas en 66 países, en 2005 fue elegida la mejor canción de la historia y en 2011, la más pegadiza.

Freddie Mercury hockey.
Freddie Mercury recibió una camiseta del equipo de hockey sobre hielo Toronto Maple Leafs durante la gira de Queen por Canadá en enero de 1977. Foto: Michael Ochs Archives 

Son muchas las leyendas sobre origen de We Are The Champions. Algunas hacen referencia a que está dedicada a todas aquellas personas que, como él, practicaron algún deporte, pero nunca llegaron a ser profesionales. Otro mito explica que la naturaleza de We Are The Champions tiene que ver con su orientación sexual; que podría haber sido compuesta en honor a la victoria de los homosexuales sobre la represión social en Inglaterra en los años setenta.

Freddie Mercury era muy reservado a la hora de hablar de la fuente de inspiración de sus canciones. Sin ir más lejos, ningún miembro de Queen llegó a comprender del todo la idea que tuvo entorno a la atrevida Bohemian Rhapsody, simplemente tenían que hacerle caso, seguir su juego, porque era un genio. Aun así, Mercury, durante una entrevista, sí se pronunció sobre We Are The Champions. “Estaba pensando en el fútbol. Deseaba hacer una canción alrededor de la cual los fanáticos se pudieran volcar. Es evidente que le he dado un toque más teatral que cualquier cántico futbolero”, dijo en su momento. Además, según Bryan May, el guitarrista de la banda, el detonante para que Mercury, aficionado del Manchester United, escribiera esta canción fue que el público durante un concierto entonó para ellos el You’ll Never Walk Alone, himno representativo de los seguidores del Liverpool.

Sin embargo, su significado sigue siendo discutido, porque en 1986, durante el Magic Tour, a Freddie le volvieron a preguntar por lo mismo y respondió: “Cuando decimos we nos referimos a nosotros (Queen) y el público”. A Mercury siempre le gustó ser ambiguo, quería que cada uno interpretase sus canciones a su manera; aunque es indiscutible que el legado de We Are The Champions es claramente deportivo, más que futbolístico incluso.

La cara B del vinilo de News Of The World, por cierto, la protagoniza We Will Rock You, el segundo himno deportivo de Queen que, con los años, se ha convertido en un lema de apoyo de los aficionados a sus equipos en los estadios.

Otro de los puntos en común entre el fútbol y Mercury se dio el 8 de marzo de 1981, en el José Amalfinati, campo de Vélez, en la única gira que acercó a la banda a la República Argentina. Esa noche dos astros se reunieron: Freddie invitó al concierto a un joven Diego Armando Maradona, una estrella con apenas 20 años. El Pelusa acababa de incorporarse a la disciplina de Boca Juniors, había sido campeón juvenil en 1979 y en un amistoso en Wembley, en 1980, pese a la derrota de la Selección argentina, deslumbró a los ingleses. Queen quiso conocer personalmente al crack argentino y se juntaron en el vestuario, donde intercambiaron una camiseta de Argentina y otra del Reino Unido; luego se reencontraron sobre el escenario. Con el desparpajo que demostró en el verde, Maradona se subió para decir: “Le quiero agradecer a Freddie y a Queen por hacerme tan feliz. Y ahora: Another One Bites The Dust”.

El último capítulo que une a Freddie Mercury con el deporte se llama Barcelona, tema oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, la canción inolvidable que finalmente no cantó con Montserrat Caballé. La soprano catalana, al parecer, era su “cantante favorita”. Estaba muy interesado en hacer un dueto con ella y lo consiguió, porque llegaron a grabar juntos un álbum homónimo que promocionaron durante tres años. Mercury murió a causa de una bronconeumonía agravada por el sida el 24 de noviembre de 1991 y no pudo actuar en la inauguración de las Olimpiadas. El 25 de julio, Caballé no salió sola a escena, cantó acompañada por el tenor Josep Carreras y un grupo de 600 bailarines. Además, en la ceremonia se emitió una grabación de Barcelona interpretada por Mercury y Caballé en Montjuic. Su reencuentro se produjo en 1999, cuando ambos volvieron a compartir escenario en el Camp Nou, gracias a impresiones digitales, en la previa de la final de Champions que enfrentó a su Manchester United (campeón) y Bayern de Múnich.

El legado de Freddie Mercury y de Queen al mundo del deporte —y a la vida en general— es mayor que, paradójicamente, el de muchos deportistas. Con su We Are The Champions ha celebrado más títulos que nadie. Lo seguirá haciendo allá donde esté, porque the show must go on.

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Marcos Martín Reboredo
Marcos Martín Reboredo
Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.
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