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El hombre al que Barack Obama le devolvió su familia

La victoria de los Houston Texans ayer domingo en Denver ante los Broncos (17-19) no pasará a la historia por el field goal de 51 yardas fallado por el kicker McManus a falta de tres segundos para la conclusión y que le habría dado el triunfo a los locales o porque los texanos consiguieran su sexta victoria consecutiva después de empezar la temporada con tres derrotas, sino por un nombre propio: Demaryus Thomas. En su novena campaña en la NFL, el WR jugó otro partido más en Mile High, pero en esta ocasión lo hizo por primera vez vistiendo la camiseta de un equipo rival y no la de los Broncos después de que la franquicia de Denver le traspasara junto a una séptima ronda del draft del 2019 el pasado martes a Houston a cambio de una cuarta ronda y una séptima ronda de draft del 2019. Con el traspaso todavía latente (cinco días no son suficientes para olvidar, a veces se necesitan años), las gradas del Broncos Stadium se llenaron ayer domingo de pancartas, lágrimas, vídeo homenaje y aplausos de bienvenida para Thomas, que cerró el encuentro con tres recepciones, 61 yardas y una media de más de 20 yardas por recepción. Sin embargo, sus logros con los Broncos todavía son más importantes que sus números de ayer en su primer encuentro como rival: sus 665 recepciones, 9.055 yardas de recepción y 60 touchdowns en ocho años y medio ayudaron a la franquicia de Colorado a proclamarse cinco veces campeona de su división, a ser dos veces ganadora de su conferencia y a llegar otras tantas veces a la Superbowl, con un triunfo (ante los Carolina Panthers) y con una derrota (contra los Seattle Seahawks). A nivel individual, la huella de Thomas también fue alargada en Denver (entre otros datos estadísticos, es el jugador de la historia de la franquicia con más yardas de recepción en una temporada, con más yardas de recepción en un partido, con más recepciones en playoffs, con más touchdowns de recepción en una temporada y con más touchdowns de recepción en playoffs), así que el emotivo recibimiento que le regalaron ayer domingo los hinchas de su anterior equipo seguro que forma parte ya por derecho propio de uno de los días más felices de la vida del wide reciever.

Pero la tarde de ayer domingo no se convirtió en el día más feliz de su vida.

De hecho, la citada vida de Demaryus Thomas se puede contar de dos formas bien diferentes entre sí, aunque ninguna de ellas es excluyente con la otra y ambas son igual de verdaderas. Nacido el día de Navidad de 1987 en Montrose (Georgia), Thomas, por un lado, fue ese chaval que destacó en el baloncesto (un talentoso point guard) y en el atletismo (sus mejores marcas, 13.92 metros en triple salto y 10.99 segundos en 100 metros lisos) hasta que se decantó en el middle school por el football (primero como cornerback y ya en su año junior de instituto como WR), destacó en el West Laurens High School de Dexter (Georgia), renunció a las universidades de Georgia y de Duke para jugar con los Yellow Jackets de la Universidad de Georgia Tech, se licenció en Gestión, fue elegido por los Denver Broncos en el número 22 de la primera ronda del draft del 2010 (fue el primer WR seleccionado en ese draft, que contaba con receptores de la talla de Dez Bryant, Golden Tate, Emmanuel Sanders o Antonio Brown) y llegó a ser 5 veces probowler. En cambio, por otro lado, Thomas también fue ese chico tímido e introvertido que creció siguiendo al pie de la letra las enseñanzas de Dios (es cristiano evangélico, perteneciente a la Iglesia Baptista) y queriendo ser siempre un ciudadano modélico: sólo una multa por exceso de velocidad al poco de cumplir los 16 años y sacarse el carnet de conducir aparece en su intachable expediente. Un deseo vital (el de actuar correctamente) que, como ocurre siempre con todo, tiene su motivación previa. En este caso concreto, lo que sucedió en aquella mañana del 15 de marzo de 1999.

Unos años antes de esa triste mañana, los padres de Demaryus Thomas, Bobby Thomas y Katina Smith, se conocieron. Ambos eran unos adolescentes enamorados que se quedaron embarazados cuando Katina apenas tenía 15 años. Poco después del nacimiento de Demaryus, su padre Bobby terminó el instituto y se enroló en la Army, poniendo fin a su noviazgo con Katina debido a la poca estabilidad de los soldados, su nueva profesión (de Alabama a Kuwait, de Virginia a Arabia Saudí), si bien sus padres siempre han guardado una buena relación y él ha estado presente en la vida de su hijo en común. Un niño al que, precisamente, le cambió la existencia cuando tenía 11 años y la policía, en aquella mañana del 15 de marzo de 1999, allanó la casa en la que vivía junto con su madre, su padrastro y sus dos hermanastras pequeñas (Tonecia y Tyeshia). Los tres niños estaban a punto de despertarse para ir al colegio cuando los agentes entraron gritando para detener a su madre, que antes de irse esposada preguntó a los policías si podía acompañar a sus hijos por última vez hasta el autobús escolar. Los agentes accedieron y Katina vistió a sus hijos adormilados, les dio de desayunar y los acompañó hasta la parada del bus antes de ser sentenciada a 20 años de prisión, una sentencia que fue todavía mayor por negarse a llegar a un acuerdo y testificar en contra de su madre. Porque en esa misma mañana de aquel 15 de marzo de final del siglo XX se estaba produciendo otra detención al mismo tiempo, la de Minnie Pearl Thomas, madre de Katina y abuela de Demaryus, que fue condenada a doble cadena perpetua, con posibilidad de libertad condicional a partir de los 40 años de condena, debido a sus antecedentes penales. Ambas mujeres habían sido acusadas (y finalmente fueron condenadas) de traficar con crack y cocaína.

Tras las detenciones, Demaryus Thomas, que años después reconocería que estaba acostumbrando a ver gente en su casa yendo y viniendo después de tomar drogas, pasó por cuatro hogares diferentes (entre otras, la casa de su abuela paterna y la casa de una hermana de su padre, aunque ese nuevo hogar fue pronto descartado al no encontrarse tampoco libre de drogas) hasta que se estableció con su tío, James Brown, su mujer, Shirley, y sus tres hijos, Angela, LaTonya y Ben. Su tío era ministro en una iglesia Baptista en Georgia y, con las normas que él estableció para su sobrino, Thomas se convirtió en esa persona que deseaba hacer el bien y que llegó a convertirse en una estrella del football. En esa persona, además, que tampoco perdió nunca su amor por su madre (y por su abuela), a la que visitó en varias ocasiones en el Federal Correctional Institute of Tallahassee (Florida) y que siempre le llamaba desde prisión antes de cada partido.

Y, de tal modo, al fin llegó el día más feliz en la vida de Demaryus Thomas.

Ese día no fue el triunfo en la edición número 50 de la Superbowl con los Denver Broncos, aunque esa victoria sí que hay que incluirla como determinante en el desenlace de esta historia. Antes, el 13 de julio de 2015, Barack Obama, por entonces presidente de Estados Unidos, había empezado a guionizar el final feliz del relato al conmutar, junto con las de otros reos, la sentencia de prisión de Katina Smith, la madre de Demaryus Thomas. Unos meses después, en noviembre, ella salió definitivamente después de 15 años de la citada prisión federal en Florida para, ya el 17 de enero de 2016 tras superar unos 60 primeros días en los que tenía prohibido viajar, cumplir un sueño: ver jugar en directo a su hijo en un partido de playoffs contra los Pittsburgh Steelers. Menos de un mes después, la felicidad de Thomas se amplió con la consecución de la citada Superbowl y con un nuevo deseo: la libertad de su abuela, Minnie Pearl Thomas. Él mismo fue el encargado de pedírselo al propio Obama en la tradicional recepción del presidente estadounidense en la Casa Blanca a los campeones de la NFL. Y Obama, que en sus ocho años como máximo mandatario de Estados Unidos conmutó más de 550 sentencias de cárcel, casi todas ellas relacionadas con sentencias no violentas de temas de drogas (su total de sentencias conmutadas es superior a las sentencias conmutadas por los nueve presidentes que le antecedieron en el cargo), cumplió con su deseo el 2 de agosto de 2016 y su abuela puso fin poco tiempo después a 16 años en prisión. “Este es un país que cree en segundas oportunidades, así que tenemos que asegurarnos de que nuestro sistema de justicia criminal funciona para todo el mundo”, escribió Barack Obama en su Facebook cuando firmó la conmutación de las sentencias de varios presos, entre ellas, la sentencia de la abuela de Demaryus Thomas.

Entonces, Demaryus Thomas, el hombre al que Barack Obama le devolvió su familia, fue de nuevo completamente feliz. “Sé que ha sido duro para él. Él es una de esas personas que se lo guarda todo para sí mismo. Pero al mismo tiempo, le he dado la fuerza para ir y hacerlo mejor que el ejemplo que yo le di”, contó un día su madre Katina desde la cárcel en un reportaje en The Denver Post. Su hijo, en realidad, lleva toda su vida haciéndolo lo mejor posible, dentro y fuera del campo de football. Salvo aquella vez que tenía 16 años y conducía con un coche un poco por encima de la velocidad permitida.

La moraleja, evidentemente, se escribe sola: nunca hay que tener prisa por llegar. Porque, al final, la felicidad siempre llega.

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