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El hijo de Ebony nunca abandona

Si han visto el vídeo, lo más seguro es que lo recuerden. La imagen es potente: todo un veterano de la NBA insultando a unos aficionados que están presenciando un entrenamiento mientras graban lo que sucede con sus teléfonos móviles. El propio JJ Redick, el escolta de los Philadelphia 76ers, tuvo que explicar tiempo después su reacción a Zach Lowe, periodista de la ESPN: “Lo que me enfadó fue la forma en la que la gente lo cubría con teléfonos móviles. El lenguaje corporal, eran como buitres que se aprovechaban de un cuerpo moribundo y en descomposición”, se sinceró el ex de la Universidad de Duke. Y sentenció: “El niño tenía 19 años. Claramente está pasando por algo. Me enfadé. Verbalicé esa ira y los maldije. Después me calmé y di una mejor respuesta. Él es mi chico. Él es mi novato. Fui protector, pero también empático. Lo que sea por lo que estaba pasando física o mentalmente, como atleta, es algo por lo que hemos pasado todos”.

Su chico, su novato, no era otro que Markelle Fultz, número 1 del draft del 2017 después de que la franquicia de Philadelphia le concediera una futura primera ronda del draft a los Celtics para que el club de Boston aceptara intercambiar sus picks y quedarse con el número 3 con el que finalmente eligió a Jayson Tatum. Pero, a priori, la apuesta de los Sixers por Fultz merecía la pena, ya que casi todos los analistas coincidían en el predraft: el base de la Universidad de Washington estaba llamado, gracias a su magnífica capacidad para crear ventajas con el bote, a marcar una época en la mejor liga del mundo. O utilizando las palabras que el propio Fultz le dijo al periodista Jason King en Bleacher Report: “Quiero ser el mejor de la historia de este deporte. Y creo que tengo una muy buena oportunidad de conseguirlo”.

Claro que la mayoría de las veces las cosas no ocurren como a nosotros nos gustaría que ocurrieran.

Nacido el 19 de mayo de 1998 en Upper Malboro (Maryland), Fultz creció marcado por la ascendencia de su madre Ebony en él y en su hermana Shauntese después de que su padre les abandonara cuando eran críos. Buen estudiante (y friki de las matemáticas), el actual point guard de los Sixers no tuvo un camino fácil en el mundo del baloncesto: en su año sophomore fue cortado por el primer equipo de su instituto, el DeMatha Catholic High School, antes de crecer 18 centímetros en su año junior, llegar a sus 193 centímetros de altura actuales y convertirse en uno de los mayores proyectos de Estados Unidos, según los medios especializados. No en vano, Fultz rechazó ofertas de universidades tan prestigiosas como North Carolina y Kansas para decantarse por una universidad claramente menor, la Universidad de Washington. En cualquier caso, el de Maryland tenía un motivo en el que basar su elección: quería coincidir con Dejounte Murray y Marquese Chriss en el quinteto titular y convertir a los Huskies en el mejor equipo de la NCAA. El problema fue que Murray y Chriss se presentaron al draft del 2016 y decidieron dar el salto a la NBA tras ser elegidos en primera ronda, dejando a Markelle Fultz como única estrella de una plantilla perdedora que ni siquiera logró entrar en el March Madness pese a los números de Fultz. Como se dijo antes: la mayoría de las veces las cosas no ocurren como a nosotros nos gustaría que ocurrieran.

De eso, de que las cosas no sucedan como se quiere, saben mucho los Philadelphia Sixers del Trust The Process (“Hoy es un buen día. Hoy hemos llevado a The Process a otro nivel”, escribió Fultz en The Players’ Tribune tras ser seleccionado por los 76ers). Joel Embiid, su número 3 del draft del 2014, se perdió sus dos primeras temporadas NBA por una rotura del hueso navicular, mientras que Ben Simmons, su número 1 del draft del 2016, se perdió también su primera temporada NBA por una fractura en el quinto metatarsiano del pie. Como no podía suceder de otra manera por culpa del destino o alguna fuerza oculta similar, la llegada a la mejor liga del mundo de Fultz se convirtió en un serial inagotable de polémicas, declaraciones cruzadas, imágenes viralizadas, lesiones misteriosas y, sobre todo, ausencias prolongadas. Lo mejor será intentar exponer un orden cronológico de los acontecimientos.

Primero, pese a que en su único año universitario el base de Maryland tuvo molestias en el hombro y, especialmente, en una rodilla (se llegó a perder varios partidos por esa dolencia), Fultz comenzó la temporada jugando con los Sixers, si bien evidenció en esos primeros encuentros claramente un problema en su técnica de lanzamiento. Las estadísticas de esos choques iniciales también fueron rotundas: el base rookie no lanzó ningún triple y sólo alcanzó el 33% de acierto en tiros de campo. De tal modo, Fultz decidió dejar de jugar a finales de octubre y, con él fuera de la cancha, comenzaron los reproches de unos y de otros. Según la franquicia de Philadelphia, el jugador decidió cambiar en verano su mecánica de tiro por unas molestias en su hombro derecho. Según el entorno de Fultz, lo que dijeron los 76ers era mentira y, en palabras de su representante, la verdad fue que el base había tenido que cambiar su técnica de lanzamiento porque tenía tanto dolor que le habían tenido que inyectar cortisona. Y, entre medias de las declaraciones de unos y otros, llegaron las imágenes viralizadas (las mismas que hicieron explotar a su compañero JJ Redick) de un jugador que había cambiado por completo su mecánica de tiro (de tirar por encima de la cabeza a sacar el balón casi desde el pecho) porque se había olvidado de cómo lanzaba a canasta ya que sus músculos no conseguían responder a las órdenes que él mandaba desde el cerebro. En Estados Unidos, incluso, se llegó a decir que Fultz, al igual que sucedió con deportistas como el golfista Padraig Harrington o el pitcher Jon Lester, era una víctima del Yips, la condición que hace que los atletas pierdan sus habilidades motoras repentinamente y sin ninguna explicación aparente.

“Podría volver muy pronto o podría no volver a jugar esta temporada. No sabemos la respuesta”, admitió en febrero Bryan Colangelo, por entonces general manager de los 76ers, sobre una lesión, la de Fultz, que también fue cambiando de nombre con el paso de los meses: de un “desequilibrio de la musculatura escapular” se pasó a una “disquenesia escapular”, la alteración de la posición y de los movimientos de la escápula. “Soy viejo y nunca había visto nada así. Nunca había visto algo parecido en ningún jugador. Es un jugador que tira después de botar y driblar, no es un Kyle Korver. Es un base que maneja la pelota, que hace lo que quiere y ¿ahora cómo puede recuperar eso? Nosotros como franquicia intentaremos que recuerde por qué fue el número 1 del draft”, mantuvo esperanzado su entrenador Brett Brown antes de que el serial estuviera presente en un nuevo escándalo, el que protagonizaron los pagos a jugadores de la NCAA (algo totalmente prohibido) y que destapó Yahoo Sports. Fultz, en su época de base de los Washington Huskies, aparecía en la lista: el de Maryland había recibido 10.000 dólares por parte de la agencia de representación ASM Sports.

“La gente me dice a veces que no muestro mucha emoción o lo que sea. La verdad es que mi madre me educó para que nunca celebrara demasiado cuando las cosas son buenas y para que nunca me deprima cuando las cosas no son buenas. La vida te arroja muchas cosas, ella siempre me lo dijo, así que tienes que mantenerte en alerta y tener fe”, escribió Markelle Fultz en su citada carta en The Players’ Tribune.

Y lo más seguro es que tenga razón al pensar así. Porque a finales de marzo por fin volvió a los terrenos de juego después de perderse 68 choques y, pese a que los números de su primera temporada fueron realmente pobres (253 minutos en 14 partidos de liga regular para un total de 7.1 puntos y 3.8 asistencias en 18 minutos por encuentro), todavía tuvo tiempo para convertirse en el novato más joven, con 19 años y 317 días, en conseguir un triple-doble en la historia de la NBA después de lograr 13 puntos, 10 rebotes y 10 asistencias en el último partido de la temporada regular contra los Milwaukee Bucks. “Estoy de regreso y quiero que la gente lo sepa. Esto va a ser genial”, le aseguró a Isaiah Thomas, otro baloncestista lastrado por las molestias físicas, en un vídeo también en The Players’ Tribune titulado irónica y acertadamente Last year was last year (El año pasado fue el año pasado).

Ahora, tras trabajar en verano con Drew Hanlen (entrenador especialista en tiro en suspensión de jugadores como Bradley Beal, Andrew Wiggins, Jordan Clarkson o Embiid) y superar los insistentes rumores de traspaso en la noche del draft del 2018, Markelle Fultz parece totalmente asentado en el nuevo proyecto de estos Philadelphia 76ers que quieren llevar el Trust the Process al siguiente nivel: ha jugado los ocho partidos de titular, permanece en cancha casi 25 minutos por encuentro y casi alcanza los 10 puntos y las 4 asistencias por choque. Y lo que es más importante, su técnica de tiro también parece haber vuelto a mejorar: el base de los 76ers casi alcanza el 40% de acierto en el tiro y ronda el 31% de acierto en los lanzamientos de tres. Es, como mínimo, un comienzo esperanzador para el resurgir del niño de mamá, aquel jugador que impregnó su filosofía de vida en The Players’ Tribune: “Si te derriban, te levantas de nuevo. Porque así me crió mi madre. Ella nos enseñó a mi hermana y a mí a trabajar duro, a ser humildes y respetuosos, a creer en Dios y a que al final las cosas funcionarán. Pero no a abandonar”. Palabra de Markelle Fultz, el hijo de Ebony.

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