domingo, junio 16, 2024
Google search engine
InicioCulturaSeriesOda a Halt and Catch Fire

Oda a Halt and Catch Fire

En pleno cenit de esa burbuja imparable en la que se ha convertido la ficción televisiva, rodeados de una oferta inabarcable, con docenas de suministradores de historias y miles de matices distintos, poca gente recuerda hoy que el primer canal que consiguió arañar el trono de las series de culto que se había inventado HBO (y que hasta entonces monopolizaba) fue American Movie Classics (AMC). Cuando al poco de iniciarse el nuevo siglo el canal de suscripción estadounidense decidió salirse de su zona de confort (las películas clásicas) y apostar por un concepto muy particular de producción propia (limitado, original y rompedor pero sin perder el clasicismo), nadie pensó que se estaba moviendo la primera ficha del efecto dominó. Así llegaría Mad Men en 2007. Allí llegaría Breaking Bad en 2008. Y ya nada volvió a ser lo mismo.

En 2014 la situación era muy diferente. El número de medios interesados en producir este tipo de series había crecido de forma exponencial y el nivel de productos interesantes se había disparado hasta números inabarcables. Diez años antes era todavía posible controlar, más o menos, toda la producción de ficción que se hacía entonces para televisión. En 2014 resultaba ya imposible. Había que seleccionar. Había que hacerlo con pocos elementos de juicio y había que hacerlo rápido. Tirando de referencias conocidas, fiándose de pilotos impactantes o dejándose convencer por sofisticadas campañas publicitarias de diseño especializado.

El tiempo de ocio es un recurso limitado para la mayoría de los seres humanos así que empezó a ser una apuesta arriesgada eso de invertir diez o doce horas de tu vida en seguir la primera temporada de una historia desconocida. Había que elegir bien. En ese caldo de cultivo, comido por la ansiedad y en un año en el que, además de las ya consolidadas, había que pelear contra True Detective, Fargo, Flash, Penny Dreadful, Silicon Valley, The Affair, Transparent o Leftovers, apareció Halt and Catch Fire. Desgraciadamente, sólo un puñado de espectadores nos enganchamos en ese momento a una de las mejores series que se han proyectado en televisión en los últimos años.

No era fácil hacerlo. Reconozcámoslo. La nueva serie de AMC no fue especialmente publicitada, no tenía un piloto espectacular ni tampoco presentaba una historia muy evidente. No había sexo, acción o fantasía y rápidamente vimos que tampoco lo iba a haber después. No había actores conocidos ni personajes reconocibles. Ni siquiera estaba muy claro de qué iba. Se vendió como un refugio para geeks pero las referencias tecnológicas eran mucho menos evidentes que las de IT Crowd y no hacían tanta gracia como las de The Big Bang Theory. De hecho no hacían ninguna gracia. Estaban ahí, desde luego. Empezando por ese enigmático título.

Un modismo, mítico en el campo de la ingeniería computacional, que apelaba a una supuesta rutina en Código Máquina desarrollada para un ordenador prehistórico (IBM/360), en la que todas las instrucciones se ponían competir por el uso de la CPU hasta entrar en bucle y tener que reiniciar el equipo. Supongo que los cuatro nerds que pillaron el guiño quedarían encantados con el homenaje pero el resto se perdió por el camino. En realidad daba igual. Aquel legendario aforismo era tan sólo una metáfora perfecta de lo que pasaría en la serie durante los cuatro años siguientes.

La primera temporada, para mí la peor, expulsó a un gran número de espectadores. A los dudosos, a los alérgicos a la jerga ingenieril, a los impacientes y a los ávidos de sensaciones potentes. Localizada en algún lugar de Texas a principios de los años 80 y recreando (muy bien) los años en los que el mundo de los ordenadores estaba naciendo, asistimos a una historia interesante (algo predecible), entre ingenieros, programadores, tiburones de la industria y amas de casa. Era bonito y era raro. Era bueno aunque quizá no tanto. Aparecían ya sus cuatro protagonistas principales y podían verse algunos de los detalles interesantes que posteriormente marcarían su personalidad. Ese filtro verdoso en la imagen, ese omnipresente aspecto vintage, unos diálogos nada evidentes y sobre todo la excelente recreación de una época conceptualmente en las antípodas de la nuestra, aunque no tan lejana temporalmente y por ello difícil de recrear. Pero faltaba algo. Aquella primera temporada no fue nada más que la plataforma sobre la que la serie se disponía a despegar.

Y lo hizo. Halt and Catch Fire explotó en la segunda temporada. Es en ese momento cuando los dos personajes femeninos toman el epicentro de la trama, los masculinos se cargan de matices y el universo empieza a tener sentido. A partir de ahí las interacciones entre los cuatro protagonistas se sucederán y serán cada vez más sofisticadas. Todo se complica de forma muy sugerente pero sin que nos demos cuenta de ello. A lo largo de cuatro temporadas, sorteando multitud de aristas, viajaremos desde una fábrica de ordenadores primitivos localizada en algún lugar de Texas hasta una casa en el norte de California donde surge la idea de los algoritmos que usan los buscadores internet, pero no pasa nada si asumimos que todo eso es un simple decorado.

La búsqueda es más espiritual que física y, aunque el envoltorio sea muy bonito, lo verdaderamente importante de la serie está en sus personajes. Su crecimiento, su vulnerabilidad y su mezcla de genialidad e imperfección. Al final, de repente, te das cuenta de que has pasado por encima de temas como el feminismo, el amor, la ambición profesional, el espionaje industrial, la homosexualidad adolescente, la amistad, el papel de la mujer en la empresa, el matrimonio, la paternidad, el miedo a envejecer, la enfermedad, la pérdida, la conciliación laboral o la bisexualidad sin que te hayas dado cuenta. Sin citarlo explícitamente. Sin aspavientos pero con precisión extrema. También con naturalidad.

No se me ocurre otra serie (o película) en la que uno de los momentos más trágicos de la trama se decore con los acordes de So far Away, famoso hit de los Dire Straits, sin que parezca una aberración. Si me lo hubiesen contado antes de verlo no me lo hubiese creído pero hoy no me lo puedo imaginar de otra manera. La música, muy cuidada, es uno de los puntos fuertes a lo largo de toda la serie. Equilibrada y perfecta. Pero es que así es casi todo en Halt and Catch Fire. De una sutileza que abruma. De una contención que parece imposible que luego pueda funcionar. Entiendes las cosas sin que te las tengan que explicar. Algo que no es casualidad sino el fruto de un ejercicio de filigrana entre los guionistas, los encargados de la caracterización de espacios y unos actores en estado de gracia.

De ese enigmático Joe MacMillan (Lee Pace) y de ese genial Gordon (Scoot McNairy), pero especialmente de ellas. Es imposible no aplaudir la complicada evolución de Donna (Kerry Bishé, que aparece también en la tercera temporada de Narcos). Es imposible no admirar su fuerza, entender sus errores o estremecerse con ese discurso, feminista y crudo, que nos regala en el último capítulo. Y es imposible no enamorarse de Cameron (Mackenzie Davis, que aparece también en San Junipero, el premiado capítulo de la tercera temporada de Black Mirror). Un personaje por el que no sentía empatía alguna al principio pero al que le pediría matrimonio al final (probablemente sin éxito).

Halt and Catch Fire terminó el pasado 15 de octubre tras cuatro temporadas. En el momento justo. No la faltó ni le sobró un capítulo. Desapareció con la misma discreción con la que había aparecido pero yo me despedí de ella en pie y aplaudiendo. Tengo la sensación de que todos los que llegamos hasta ese momento hicimos algo parecido.

Ennio Sotanaz
Ennio Sotanaz
Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.
RELATED ARTICLES

1 COMENTARIO

  1. Totalmente de acuerdo. Gran serie que ha pasado totalmente desapercibida para la mayoría del público, lo cual no la desmerece en nada, si no todo lo contrario. Me ha emocionado como pocas a lo largo de los capítulos, sobre todo al final. Serie de culto.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -
Google search engine

Most Popular

Recent Comments

Perikorro en Con contundencia
Alberto Patiño Varela en Los antimadridistas
Xavi Verger en Vinicius saca el cañón
Perikorro en Vivos con Fati-ga
Diego en Los sufridores
Diego en Viva el rey
Juan De Dios Luna Cijanes en La posesión y los tulipanes
Perikorro en Minority Report
Dr en Las viudas
Diego en Las viudas
Perikorro en Las viudas
Perikorro en Gaspartismo Reloaded
Diego en Viva la Vuelta
Dr en Viva Irlanda
Diego en Viva Irlanda
Diego en Decíamos ayer
Diego en Paz y amor
Dr en Paz y amor
Diego en Paz y amor
Diego en Vuela Supermán
Diego en Vuela Supermán
Diego en El trampolín
Perikorro en Salvar a Barrabás
Coral en Truman
Jose Avellaneda Perez en Los ídolos
María en Calles vacías
Amiguel en El pendejo de turno
Silvia Nebreda en Palabras y lágrimas
Manitu69 en This is Atleti
Alejandro Rincón Rubio en ¿Es Jovic un mediapunta?
Diego A. en Elogio de la locura
Juan De Dios Luna Cijanes en Efectividad máxima
Alfrez en Oda al populismo
Alfrez en Oda al populismo
Diego en Oda al populismo
Manitu69 en Oda al populismo
Fiodor Dostoievski en ¿Suerte o talento?
EUGENIO JORDAN en El cisne blanco
Frank Terraces en Historia del segundo Atleti
Hassandudeim en Historia del segundo Atleti
Perikorro en Aquí un Zidanista
Hassansudeim en Fichar a Descartes
Frank Terraces en Fichar a Descartes
Michael en Nacho y la tristeza
Irene García en Entre cero y nada
Roberto Gómez González en Entre cero y nada
Hassansudeim en Primeras impresiones
Rafael Sánchez Sánchez en Correa, Oblak y feliz año nuevo
Juanma Jiménez en Sólo fútbol
Jules en Sólo fútbol
Che en Trigo limpio
Gracias Faubert en Trigo limpio
Hassansudeim en Trigo limpio
Xabier en Trigo limpio
Juan carlos en Trigo limpio
Óscar Laguna en Ansiedad
Juan De Dios Luna Cijanes en El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos
Joan Del Valle en El tamaño importa (y mucho)
Jose Carlos Torrenova Lozano en Mucho más importante que todo eso
Pascual Vicente Martínez Gimeno en Dos años A La Contra
Vicente Martin-Pozuelo Cantos en Good Bye, Lenin!
yerry en Don Cenizo
IGWT en Relatividad
Manitu69 en Hacerse viejo
Tony en Don Cenizo
Juan De Dios Luna Cijanes en Grandes éxitos de ayer y hoy
Esuardo en Don Cenizo
Juan De Dios Luna Cijanes en Victoria sin identidad
Frank Terraces en Bendita normalidad
Francisco en Victoria sin identidad
Julián Martín Fernández en Rodrygo hace viejo a Vinicius
J. J. Creamer en Los héroes de Bowie
Joselito en Éxito sin cimientos
Juan de Dios Luna Cijanes en Ansufatización
Juan De Dios Luna Cijanes en El ciclismo se ablanda
Frank Terraces en Desapego
Juan De Dios Luna Cijanes en Movistar no se rinde
Juan de Dios Luna Cijanes en Queremos tanto a Roglic
Frank Terraces en Hace dos meses
Juan De Dios Luna Cijanes en Nada por aquí, Neymar por allá
Juan De Dios Luna Cijanes en Hoy me he acordado de Lucho Herrera
Juan De Dios Luna Cijanes en Un colombiano en la luna
Juan De Dios Luna Cijanes en El Tour se achica ante Bernal
Juan de Dios Luna Cijanes en Bernal rompe el cielo
Juan De Dios Luna Cijanes en Bernal quiere el Tour
Eberhard Torres Calderón en Cuarenta años de La vida de Brian
Juan De Dios Luna Cijanes en Pinot quiere el Tour y Mikel Landa no se rinde
Frank Terraces en El Atlético más merengue
Juan De Dios Luna Cijanes en La suerte dispara contra Landa
Diego en El fugitivo
Diego en Sopor de France
Juan De Dios Luna Cijanes en El Talento Desperdiciado I: George Best
Juan De Dios Luna Cijanes en Friedenreich: Pelé antes de Pelé
Frank Terraces en La Feria de la Carne
Frank Terraces en El altar de Pérgamo
Juan De Dios Luna Cijanes en Ni cinco de bola
José Antonio Gutiérrez en No cambies tus sueños, cambia el mundo
Antonio Lopez Lobeto en Los doce trabajos de Hércules
Francisco Pedrajas Raya en Ramos-Florentino: Pimpinela en el Madrid
Antonio Lopez Lobeto en Mi pájaro es mejor que el tuyo
Stockton en Bon voyage
Juan De Dios Luna Cijanes en El problema del Barça es el relato
Perikorro en Tantas mareas, marean
Perikorro en No me gusta el cricket
Carmelo en La venda ya cayó
Antonio Jesús Zarza Moreno en ¿Marino o submarino?
Lorenzo Dominguez Sanchez en Gracias, Florentino
Joaquín en Camino a Vitoria
Robert Lee en El que se va, ya no es
victor martín marron en Quiten de ahí a esa loca
Martín Vallejo platero en El borde de la piscina
Diego en Gracias, Johan
jose antonio medrano en Gracias, Johan
Jorge Florido en Gracias, Johan
Javier en Gracias, Johan
Esteban en Gracias, Johan
Fran en Gracias, Johan
5contraelcalvo en Esperando a Zidane
Perikorro en Esperando a Zidane
Elaine Cristina en Casillas, el homenaje pendiente
Tomás Luis de Victoria en No, lo ponemos todo al centro
Tomás Luís de Victoria en Casillas, el homenaje pendiente
Lucas en Benzema FC
Carlos Antonio Suárez fornelino en Jugarse «nada»
Antonio Lopez Lobeto en Siete equipos para tres descensos
Víctor Raúl Valladares en El Real Madrid se queda solo
IÑAKI ASENSIO CALATAYUD en Ter Stegen, el portero de la T-10
José Ramón García en Ilusión en el nuevo White Hart Lane
JOSE ANTONIO FERNANDEZ PLAZA en Héctor del Mar, tal como éramos
Lucas en Oh, capitán
José Luis Heras en Usted tiene el faro roto
Juan J Rodriguez en Usted tiene el faro roto
Jairo Castillo en El Madrid de la triste figura
Rod en Au revoir
Cristian Galván en Motociclismo e hipocresía
Hassansudeim en La trampa perfecta
Juan De Dios Luna Cijanes en La trampa perfecta
Antonio Lopez Lobeto en Cuestión de fe
Martín Vallejo platero en Marcó Isco, ganó Zidane
Eliseo en Vuelve Zidane
Juan De Dios Luna Cijanes en La esperanza
Juan de Dios Luna Cijanes en La muerte del emperador
Maria Jose en Tropismo
María Jesús en Tropismo
Antonio Lopez Lobeto en El amor no siempre gana
SanEmeterio For Atle en Bienvenidos al espectáculo de minstrel
Elaine Cristina en El empate perfecto
Sergio Alberruche en Bienvenidos al mágico mundo de Oz
Sergio Alberruche en Bienvenidos al mágico mundo de Oz
Sergio Alberruche en La revancha perpetua
Antonio Lopez Lobeto en Al límite de la filosofía
Juan de Dios Luna Cijanes en La ley del mínimo esfuerzo
Antonio Lopez Lobeto en Milagro Kvitova
Carlos Leo Castellanos en Cristiano ya no va de farol
Marcos Da Silva en El tamaño importa (y mucho)
Antonio Lopez Lobeto en Promesas que todavía lo son
Gustavo Del río manzano en Quince años sin el mejor: Chava Jiménez
ROSA MARIA cuesta guerrero en A propósito de Laura
Irene García en Vidrio roto
AA - Rod en Vidrio roto
Juan Luna Cijanes en Solari y la teoría del melón
Antonio Lopez Lobeto en El valor de las palabras
Raúl Ávila en El traje de toda la vida
Miguel Morán en Godín es El Cid Campeador
Ricardo Moreno Castillo en La adolescencia duele
Aminie Filippi en La adolescencia duele
Miguel Angel Hidalgo Mena en Historia de un superviviente
Alfrez en Por los cojones
Paulino en Por los cojones
ROSA MARIA cuesta guerrero en La adolescencia duele
Luis Miguel en Y el presidente, ¿qué?
Oscar Redondo Callado en Tour 2019: Un espanto de recorrido
Santiago Peraza en A LA CONTRA, primer aniversario
Teddy Sagarrasantos@hotmail.com en Bienvenidos al mágico mundo de Oz
Conchita Minguez en Cinco apuntes para seis carreras